El fotoperiodista Brais Lorenzo, ganador del World Press Photo 2026 por su reportaje ‘Tierra Quemada’ tras los incendios de Galicia en 2025, estará en el VIII Curso Nacional de Periodismo Especializado de Alcañiz el próximo miércoles 23 de septiembre. El Liceo de Alcañiz y el teatro municipal acogerán durante los días del evento una exposición fotográfica con algunas de sus imágenes.
A las 17.00 se realizará una visita guiada por la muestra e irá detallando dónde pone la mirada, qué quiere transmitir y qué pretende comunicar cuando hace fotos. A continuación, se celebrará un diálogo junto a Eva Defior, directora del Grupo de Comunicación La COMARCA, donde explicará cómo trabaja cuando llega a alguna situación de catástrofe y cómo compagina su labor de periodista con el impacto emocional que supone ver el dolor ajeno.
La matrícula para poder asistir a las jornadas ya está abierta a través de la landing del Curso de Periodismo Especializado de Alcañiz. La fecha límite para poder apuntarse es el 18 de septiembre. La matrícula general tiene un coste de 99 euros y 25 euros la reducida, puedes consultar los precios bonificados aquí.
¿Qué significa recibir un reconocimiento así contando además una historia de tu propia tierra?
Es un orgullo haber conseguido este reconocimiento trabajando sobre esta problemática y en mi tierra. Puede parecer una temática local, pero realmente es una cuestión global. Lo estamos viendo con los incendios forestales que están afectando cada vez a más territorios en Europa y en todo el mundo.
Este tipo de premios aportan mucha visibilidad. Para eso hacemos estos proyectos para que se vean, para que se hable de ellos y para que estén presentes en la conversación mediática, política y social. Es muy difícil cambiar las cosas con fotografías, pero sí pueden ayudar a que la sociedad tome conciencia de lo que está ocurriendo.
‘Tierra quemada’ nace de los incendios de Galicia de 2025. ¿Cómo fue enfrentarte a una realidad tan dura?
Llevo muchos años documentando incendios forestales porque nací y me crié en Ourense, una provincia que tristemente arde todos los veranos. Es un problema estructural y de complicada solución. Cuando empecé a trabajar en esto, un gran incendio podía estar en torno a las 500 hectáreas. Lo que vivimos el año pasado fue algo que nunca había experimentado: cuatro o cinco incendios simultáneos de más de 10.000 hectáreas y uno de ellos superando las 35.000.
Hablamos de incendios de sexta generación, de unos fenómenos que han llegado para quedarse. Hubo momentos de auténtico colapso del sistema de extinción y en muchas aldeas fueron los propios vecinos, muchos de ellos personas mayores, quienes tuvieron que enfrentarse a las llamas.
Además, hay que hablar del abandono rural y del cambio de modelo del territorio. Muchas veces los trabajos periodísticos se centran en mostrar el drama y las consecuencias, pero también tenemos que empezar a hablar de soluciones.
En Alcañiz intervendrás en el diálogo ‘Mirar lo que arde’. ¿Qué quieres trasladar a los alumnos del Curso Nacional de Periodismo Especializado?
Me gustaría que, pese a la gravedad del problema, quedase también un mensaje de esperanza. Mientras hay vida, hay esperanza. Este proyecto lleva más de una década de trabajo y para mí tiene más sentido formular preguntas que dar respuestas. Una de ellas es por qué no volvemos a relacionarnos más con el territorio, con las zonas rurales y con una forma de vida más conectada con la naturaleza.
Cuando recorres Galicia hay aldeas completamente abandonadas. Parece que hubiera ocurrido una catástrofe. Estamos perdiendo un patrimonio cultural y natural que debemos cuidar.
En una catástrofe el periodista debe contar una realidad muy dura. ¿Dónde está el límite entre informar y respetar la intimidad?
Con los años vas construyendo un código ético. Hay una línea muy fina entre lo que es información y lo que no. Muchas veces fotografiamos situaciones que después no aparecen en nuestros trabajos. Llega el momento de sentarse delante del ordenador, seleccionar las imágenes y decidir qué queremos transmitir y qué no.
Nuestro oficio tiene una gran responsabilidad porque somos transmisores de un relato. La fotografía y el periodismo tienen mucho poder para concienciar a la sociedad. La clave es la empatía. Hay que pensar cómo nos gustaría vernos reflejados nosotros en una situación así. Se puede mostrar el drama, incluso la muerte, pero siempre manteniendo la dignidad de las personas.
El fuego puede generar su propia meteorología y cambiar completamente las condiciones. ¿Cómo trabaja un fotógrafo ante un fenómeno tan imprevisible?
Lo primero es analizar la evolución del incendio y tener claras las vías de escape. Los incendios de sexta generación son muy peligrosos porque tienen su propia meteorología y pueden superar incluso la capacidad de los servicios de extinción.
En muchas ocasiones lo único que puedes hacer es ponerte a salvo y esperar a que cambien las condiciones. En Galicia muchas veces nos salva la lluvia. Creo que también tenemos que hablar de prevención y de protocolos claros para la población. La pregunta ya no es si se va a producir un incendio en las zonas rurales, sino cuándo. Tenemos que aprender a convivir con este problema, igual que otras zonas del mundo conviven con terremotos u otras amenazas.
¿Qué mensaje te gustaría que se llevarán quienes asistan al curso de Alcañiz?
Me gustaría que reflexionaran sobre la necesidad de cuidar el mundo en el que vivimos, el aire que respiramos, el agua que bebemos y nuestro entorno. No solo por nosotros, sino por las generaciones futuras. Entre todos tenemos que construir el presente y también el futuro para quienes vengan después.
Detrás de cada fotografía hay un territorio, unas personas y una historia. El fotoperiodismo no solo sirve para mostrar lo que ocurre, sino también para ayudarnos a entender por qué ocurre.







