"Todo aquello ocurrió en la prehistoria de nuestras vidas: la suya, demasiado breve; la mía, demasiado larga. El hálito del arte aún no había incendiado, transfigurado esas dos existencias. Era la hora diáfana y ligera que precede al alba".
Este texto, amigos lectores, tan delicado y tan bello -todo él poesía-, lo escribió una de las poetas más sensibles del siglo pasado: Anna Ajmátova, sobre su relación con uno de los artistas más enigmáticos: Amedeo Modigliani. Y es precisamente la relación de estos dos genios de lo que trata este bellísimo libro que hoy os recomiendo: "UN AMOR AL ALBA", escrito por la parisina ELISABETH BARILLÉ, una escritora prácticamente desconocida en nuestro país -de sus 25 obras ésta es la primera traducida-, pero que es toda una celebridad en Francia.
En realidad todo empezó en junio del año 2010, cuando se subastó en París una cabeza de mujer en piedra caliza, una de las veintisiete esculturas modeladas por Modigliani que se conservan, por 43 millones de dólares, el precio más alto pagado nunca en una subasta de arte hasta ese momento en Francia. La pieza jamás se había exhibido en público desde que un coleccionista la adquiriera en 1927. La escritora ELISABETH BARILLE encuentra meses después el catálogo de la casa de subastas Christie´s en la sala de espera del médico y, al observar la talla, un nombre le viene de repente a la punta de la lengua: ¿no es Anna Ajmátova la persona que hay detrás de la figura; la poeta que tuvo una muy especial relación con el artista italiano? Es entonces cuando la "Fulminó una suerte de revelación, nos dice ella, tengo que escribir un libro sobre esa historia de amor.
Y este es, pues, ese libro. Ese ardiente relato que es el vivo reflejo de esos dos seres de luz que fueron Anna y Amedeo, un relato verdaderamente deslumbrante.
Pero tenemos que trasladarnos cien años antes, en mayo de 1910. La gran poeta rusa había llegado a París para pasar su luna de miel: a pesar de sus maneras contenidas de muchacha de buena familia, no puede resistirse al influjo de una de las ciudades más atractivas del mundo, lugar de peregrinación y extravío para cualquier espíritu amante de la modernidad. Y ese extravío se desató en el espíritu de la escritora desde el momento en que se encuentra, un día cualquiera en Montmartre, con el virtuoso artista italiano.
Modigliani, por su parte, malvive en París desde hace varios años. Trabaja sin descanso "en busca del rayo que despierta y la luz que fulmina", él no quiere limitarse a reproducir la línea: se la quiere llevar con él. Sin embargo, sus obras no consiguen despertar el interés del público. Modigliani no encaja en ninguna escuela ni etiqueta, pero su personalidad artística única se verá en cierto modo refrendada tardíamente por todos esos millones que se pagaron por una obra suya cien años después.
La prosa de BARILLÉ es maravillosa: unas veces realista; otras, romántica, febril, rápida; con ella canta a la belleza, a las esculturas y dibujos de Modigliani, a los versos de Ajmátova; a esa breve pero intensa historia de amor que se desarrolló en París, al alba.
Miguel Ibáñez. Librería en Alcañiz




