Emilio Calatayud es de Alcañiz, tiene 93 años y hace seis se quedó viudo. Su esposa terminó muriendo tras haberse contagiado ambos de covid-19, e incluso compartieron habitación en el hospital. Él recibió el alta médica, aunque siguió arrastrando secuelas, pero su mujer no sobrevivió. Perder a un ser querido es doloroso, pero la pandemia con sus restricciones, lo hizo todo mucho más traumático. "No fue sencillo", reconoce. "Yo tenía asumido que el momento llegaría por una cuestión lógica de edad como a todo el mundo le pasa. Tarde temprano uno de los dos moriría y el otro se quedaría solo. Con lo que no cuentas es con las circunstancias en las que pasó, pero hay que tirar para adelante", analiza.
Vive en un piso tutelado en el que recibe ayuda para tareas como limpieza, pero se vale por sí mismo. De hecho, el bricolaje es uno de sus grandes entretenimientos. No tiene hijos, pero sabe que cuenta con su familia más cercana y con amistades. "Todos llevamos nuestra vida, y si necesito algo sé que los tengo, pero en el día a día te gusta conversar y compartir cosas que te suceden", dice. Por eso se apuntó al Grupo de Soledad No Deseada de ASAPME cuando supo de su puesta en marcha en primavera.
"El grupo es un aliciente, una motivación. Yo he encontrado un apoyo mutuo, en cada sesión hablamos y encuentras entendimiento porque todos aportamos nuestro punto de vista o la manera de afrontar una situación", revela. "Luego en el día a día mandas un whatsapp a la gente que has conocido y recibes respuesta, y viceversa, sientes que hay alguien", sonríe.
Grupos abiertos en varios pueblos y sin restricción de edades
Desde ASAPME han puesto en marcha este grupo en diferentes pueblos a los que, además, se unen vecinos que se trasladan desde otros localidades. En el caso de Alcañiz, donde hay dos grupos, acude también gente de Valdealgorfa o Valjunquera, entre otros pueblos. También se dan sesiones en Castelserás, Peñarroya de Tastavins y La Portellada. Cada grupo se reúne una vez al mes, y ocasionalmente realizan una convivencia conjunta para fortalecer los vínculos.
En total acuden unas 60 personas repartidas en una quincena por cada grupo. No hay edades. En la actualidad, Emilio con 93 años es el veterano y la persona más joven es menor de 65. "Está abierto a quien lo necesite, puede venir un día, ver cómo es y sin compromiso", anima la psicóloga, Cristina Escrig. Ella es quien guía las sesiones.
Están trabajando la autoestima, han visto cómo son las características de la soledad no deseada, y también han trabajado aspectos como el sueño. Han trabajado sobre cómo se relaciona el insomnio con la soledad. "Yo les explico, doy algunos consejos y herramientas para que se autogestionen si lo necesitan, y entre ellos comparten cada uno la forma que tienen de vivirlo, sus experiencias...", añade.
Combatir la soledad como prevención de situaciones extremas
Muchos casos de soledad no deseada terminan en suicidio, y no solo en las ciudades, también en el medio rural. "Por desgracia esto pasa, cuando vemos los antecedentes, la mayor parte son personas que vivían solas, que no contaban con apoyos y que no tenían una red detrás", dice Escrig. Ahí radica la importancia de la prevención, y no de intervenir exclusivamente con las personas que ya presentan una patología.
En el caso de los grupos de soledad, también se ofrece a las personas que lo necesitan asesoría psicológica individual. Con iniciativas de acompañamiento se trata de poder ayudar a personas que están en una situación de vulnerabilidad. "El objetivo es que tengan herramientas para afrontar las situaciones que se les presentan y no lleguen a situaciones extremas", asegura Escrig.
En prevención del suicidio desde la asociación también trabajan en colegios y con jóvenes con un programa específico en los institutos de secundaria de Alcorisa y Calanda donde ofrecen asesorías emocionales dentro del propio centro educativo. El trabajo se extiende desde este año a las personas en situación de soledad no deseada.
Falta de especialistas en el Hospital de Alcañiz, con un solo psiquiatra
La situación de plantilla del Hospital Comarcal de Alcañiz indica que necesitaría, al menos, 15 especialistas, entre ellos, psiquiatras. Psiquiatría funciona con uno de los cuatro médicos previstos para atender a toda la población que depende de tratamientos farmacológicos y apoyo en las consultas.
"Esto es duro porque ya son patologías desarrolladas. La asociación somos una red de sostén y acompañamiento, y cuando hablamos de esta carencia de profesionales, nosotros podemos aportar desde nuestro ámbito hasta donde podemos llegar", lamenta la psicóloga.







