Seguramente, la escritora francesa Valérie Perrin (1967) ya ha perdido la esperanza de que la nominen para los premios literarios más prestigiosos de su país. Dice que el haberse convertido en autora de masas seguramente influirá en ello. Sin embargo, ella cuenta con el reconocimiento más importante que puede tener cualquier escritor: el de sus lectores, que ya se cuentan por millones en todo el mundo.
En España, su cuarta novela, "Tatá" (de la cual ya os hablé en este espacio), supuso todo un éxito editorial, con más de 50.000 ejemplares vendidos. La culpa de todo ello es de un estilo sencillo y directo, aunque no exento de elegancia, y unas tramas que no se encasillan en ningún género en particular, sino que oscilan entre la risa y las lágrimas, entre el abandono y la esperanza, con esos inesperados giros y una pizca de intriga que provocan en el lector un auténtico carrusel de emociones.
Ahora, la misma editorial Duomo recupera la segunda novela de Perrin: "Cambiar el agua de las flores", la intensa historia de una mujer que, pese a las pruebas de la vida, sigue creyendo obstinadamente en la felicidad. Esa mujer es Violette Toussaint, la guarda del cementerio de un pequeño pueblo de la Borgoña, que siempre tiene un gesto o una frase para ayudar al desconsolado, quizás porque ella misma ha atravesado su propio y crudísimo duelo.
A su casa del cementerio acuden visitantes ocasionales o habituales a resguardarse del frío, compartir confidencias o reconfortarse con un café que ella les ofrece. Su vida transcurre al ritmo de esas historias íntimas y sus días parecen destinados a ser así para siempre. Sin embargo, de repente, toda esa vida cambia.
Un policía llegado de Marsella se presenta con una extraña petición: su madre, recientemente fallecida, ha expresado el deseo de ser enterrada en aquel remoto pueblo y, más aún, en la tumba de un hombre que el policía dice no conocer. A partir de ese momento, los acontecimientos toman un giro inesperado: empiezan a emerger vínculos ocultos entre vivos y muertos, y algunas almas que parecían sombrías se revelan, en realidad, llenas de luz.
Con ese talento tan singular que Perrin posee para hacer excepcional lo ordinario, la autora crea alrededor de esta novela y su ya inolvidable Violette un mundo lleno de poesía, humanidad y sensibilidad.
Decir, para finalizar, que "Cambiar el agua de las flores" cuenta con una adaptación cinematográfica a cargo de Jean-Pierre Jeunet, el director de "Amélie".
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz




