Él tiene cuarenta y cinco años y es, francamente, un poco idiota (un verdadero petardo en la variante de supuestamente sofisticado). Ella, veinticinco, y es todavía, con perdón, bastante pava, a una edad en la que empieza a urgir dejar de serlo. Pero se cruzan, se gustan y comienza un romance en el que el detallismo, los mimos, la alegría o la sorpresa no son capaces de disimular las diferencias, no tanto en la edad como en el modo oculto de esperar cosas del otro y de maniobrar para conseguirlas de una forma que, en principio, es relativamente sutil ante Marina, pero evidente ya ante el lector.
Así empieza Juan Marqués su excelente crítica sobre COMERÁS FLORES, la novela debut de la gallega LUCÍA SOLLA SOBRAL (1989) que tanto está dando que hablar entre sus lectores. Con una prosa que oscila entre la delicadeza lírica y la crudeza visceral, seguimos la historia de Marina, que, meses después de la muerte de su padre y recién graduada, conoce a Jaime, un hombre veinte años mayor que ella que irrumpe en su vida colmándola de atenciones y planes.
En poco tiempo, su día a día da un vuelco: pasa de compartir piso con su mejor amiga, de ir a conciertos y de salir de fiesta a instalarse en el cómodo apartamento de Jaime y cenar cada fin de semana en los mejores restaurantes. Deslumbrada por la sofisticada vida adulta y el encanto de Jaime, Marina se ve sumergida por completo en su mundo, comenzando a olvidar lo que la definía.
"Dios nos libre", continúa Juan Marqués, "de esas personas que aparecen y desean lo mejor para nosotros..., y sobre todo si las muestras desproporcionadas de entrega se convierten con mayor frecuencia en episodios de violencia efímera pero irreversible, en muestras de que nuestra libertad las enfurece. Las personas dependientes necesitan sentir que alguien depende de ellas, y eso las lleva al atosigamiento, al asedio psicológico, a los celos, al mal amor...".
LUCÍA SOLLA, pese a su juventud, es una escritora que tiene todo lo que hay que tener: técnica y sensibilidad, rigor y frescura, crudeza y lirismo, conocimiento e intuición. Y ha firmado una novela excelente, en la que sorprende su habilidad para trenzar una trama divertida y enternecedora con otra más oscura e inquietante, de modo que no sabemos si leemos una comedia o una amenaza seria. Y esa ambigüedad funciona tan bien que hace que a los lectores nos lata el corazón al mismo ritmo que su protagonista.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz




