En la rehabilitación de un traumatismo de cadera o rodilla no se trata solo de que la articulación responda, sino de que uno mismo vuelva a sentirse capaz de moverse con soltura, sin miedo ni rigidez. La reeducación de la marcha se basa en reaprender cómo andar de forma eficiente, estable y sin compensaciones que puedan generar nuevos problemas. La Rehabilitación traumatológica juega un papel fundamental para ayudar a reprogramar el patrón de movimiento para que la persona vuelva a confiar en su cuerpo. Esa confianza, muchas veces, es la pieza que más tarda en recomponerse.
Por qué la marcha se altera después de un traumatismo
Sufrir una fractura, una contusión fuerte o incluso una cirugía de cadera o rodilla cambia la forma en que el cuerpo se mueve, aunque sea temporalmente. El dolor, la inflamación y la pérdida de fuerza, junto con la pérdida de la confianza en el miembro que ha sufrido el traumatismo hacen que la persona adopte posturas protectoras sin darse cuenta y sufra modificaciones en su mecánica durante la marcha.
Un patrón alterado que se mantiene
Aunque el traumatismo sane, el cerebro tiende a mantener ese patrón protector. Estudios en neurorrehabilitación han mostrado que el sistema nervioso puede conservar estos cambios de movimiento incluso cuando ya no son necesarios, simplemente porque se han repetido durante semanas.
Si no se corrigen estas compensaciones y no se trabaja la recuperación de la confianza en el miembro, pueden aparecer otros problemas, como sobrecargas musculares/articulares en la cadera contraria, dolor lumbo-pélvico, desequilibrios musculares o incluso artrosis o degeneración articular por una mala mecánica adquirida.
Cómo se trabaja la reeducación de la marcha
La forma de intervenir depende del estado de cada persona, pero en general se sigue un proceso progresivo y muy guiado. El objetivo es que el movimiento vuelva a ser natural y automático, sin que uno tenga que pensar cada paso.
Recuperar movilidad y fuerza sin prisa
Antes de centrarse en el patrón de marcha, es importante que la articulación pueda moverse en rangos funcionales, recupere posibles pérdidas de movilidad y que los músculos clave respondan bien. Aquí se trabaja principalmente musculatura flexo-extensora y abductora de cadera y flexo-extensora de rodilla, junto con musculatura estabilizadora importante revisar musculatura implicada en la movilidad del tobillo y pie. La evidencia científica coincide en que un déficit del glúteo medio, por ejemplo, aumenta notablemente las compensaciones al caminar y la sensación de inestabilidad.
Disminución de la inflamación y el dolor
El tiempo, junto con el ejercicio y la potenciación del miembro, disminuye el dolor y los picos de inflamación, produciendo una mayor confianza en el miembro a la hora de realizar aumentos de carga sobre el mismo.
Equilibrar las cargas corporales en los dos miembros
Importante tras la ganancia de confianza en el miembro que el reparto de las cargas sea completamente equitativo, el trabajo de apoyos monopodales asistidos, ayuda a ir ganando dicha seguridad y que el SNC pierda el rechazo a aumentar la carga sobre el miembro afectado.
Trabajo de equilibrio y propiocepción
Tras un traumatismo de cadera o rodilla, la propiocepción (capacidad del cuerpo para saber en qué posición está sin mirarlo) se ve alterada. Para recuperar esa sensación de seguridad al caminar y una vez que el paciente ha conseguido un reequilibrio de la carga corporal y ha aumentado la confianza sobre el miembro, se pueden utilizar plataformas inestables para una mejora propioceptiva. La literatura científica indica que la propiocepción bien entrenada reduce el riesgo de nuevas caídas y mejora la estabilidad y la confianza.
Reaprender el patrón de apoyo
Se enseña a apoyar correctamente el talón, a transferir el peso al mediopié y a impulsar desde los dedos. Parece sencillo, pero después de semanas de molestias, el cuerpo se acostumbra a no apoyar.
Tratamiento cicatricial
Las cicatrices postquirúrgicas son un importante foco de tensión que producen tirantez al mover la articulación operada. Es un factor clave tras la retirada de los puntos y la aprobación por parte médica el tratamiento de la misma para eliminar tejidos queloides y reducir adherencias, disminuyendo así las sensaciones de tensión.
Integración en la marcha real
Aquí es donde el paciente empieza a notar el cambio, con pasos más largos, contactando primero con el talón y mejorando el ritmo y la tolerancia a la fatiga. Siempre hay que ir de más a menos, dependiendo del usuario empezar con un andador o dos muletas y progresivamente ir retirando las ayudas técnicas.
Cuando el usuario ha mejorado su capacidad de deambular, se pueden introducir marcha a distintas velocidades, aumentar distancia o circuitos de marcha, incluyendo superficies inestables, giros u obstáculos y cambios de superficie. Volver a caminar bien es un proceso que requiere paciencia y guía. La clave está en apostar por un patrón de marcha que permita moverse con libertad, sin dolor y con la seguridad de que cada paso vuelve a ser propio.
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