Aparece "CRISÁLIDA" en las mesas de Novedades de las librerías como surge una herida en la corteza de un árbol: dolorosa y bella; llamativa y extraña, ajena, desagradable y a la vez hipnótica. Así es esta novela inclasificable escrita por el también guionista granadino FERNANDO NAVARRO (1980) y publicada por la editorial Impedimenta, un sello que solo apuesta por libros que son o que nacen clásicos. Y así, no es de extrañar que se esté convirtiendo en todo un fenómeno editorial, que esté arrasando, asombrado y maravillando a los lectores que, decididamente cautos, se acercan a ella.
"Dueño de una escritura fantástica" -dice de él David Trueba-, demostrada ya en su genial libro de relatos "Malaventura", un romance en una Andalucía mítica y oscura que ya señalaba el camino hacia "CRISÁLIDA", esta primera novela de NAVARRO, mitad "folk horror", mitad novela de aprendizaje, recrea un mundo sureño alucinado donde el humor y la violencia se entrelazan para narrar una conmovedora historia de abandono infantil que bebe tanto del terror familiar de Shirley Jackson y Stephen King como del cine de Lynch, Erice o Saura.
Las comparaciones con el cine no son casuales, ya que el otro oficio de NAVARRO es el de guionista donde ha colaborado con cineastas como Álex de la Iglesia o Paco Plaza, siendo nominado dos veces a los Premios Goya ("Segundo Premio", uno de sus trabajos más recientes, fue seleccionada como candidata a los Premios Oscar). Sin embargo, creo que toda esta creatividad a explosionado en esta genialidad de novela, en esta prosa descarnada y poética y cruel enraizada en una oralidad andaluza atravesada por la psicodelia y la cultura popular.
Es pues, en esa naturaleza agitada y extraña, en donde conocemos a la niña Nadia que abre los ojos en la cama de un sanatorio al que no sabe cómo ha llegado. Las pesadillas y los recuerdos provocados por los fármacos la trasladan a un tiempo anterior, cuando sus padres se la llevaron junto a sus hermanos a vivir a un bosque perdido en algún lugar entre las Alpujarras y Sierra Nevada. Allí la violencia y la locura se apoderan de toda su familia, en especial de su padre, un hombre atormentado y paranoico por el que Nadia siente una extraña fascinación. Asediada, además, por una presencia inquietante que habita en el corazón del bosque, la niña aprende a crecer en mitad de una naturaleza tan viva como hostil, tan extraña como peligrosa.
"FERNANDO NAVARRO, dice la escritora Aloma Rodríguez, y estoy de acuerdo con ella, es el Juan Rulfo de Graná".
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz




