La salida del Partido Aragonés de las Cortes de Aragón en las elecciones del 8F no es solo un dato electoral. Es el final de una etapa política y la constatación de que Aragón pierde, al menos de momento, su principal partido bisagra, el que durante décadas sostuvo la gobernabilidad autonómica desde el aragonesismo de centro, el municipalismo y la negociación. El PAR ha obtenido el 1,24% de los votos regionales, 8.164 sufragios, siendo última fuerza y muy lejos de la siguiente, SALF (Se Acabó La Fiesta) con 17.896.
Visiblemente entristecido y con los ojos arrasados, el presidente del PAR, Alberto Izquierdo, ha reconocido tras conocerse los datos que «es un resultado malo» y admitió que «no esperábamos que el golpe fuera así». Agradeció el trabajo de militantes y candidatos, subrayando que «hemos recorrido Aragón con el dinero de nuestro bolsillo» y dando las gracias «a todos los que han confiado en nosotros». Izquierdo lamentó que se «haya decidido que se quiere más Vox y menos Aragón», defendió que el partido «ha hecho todo lo que ha podido» y recordó que «el Pepito Grillo ya decía que esto podía ser ingobernable, y así ha sido».
El PAR fue durante buena parte de la democracia autonómica el «clavo del abanico», en expresión acuñada por José Ángel Biel, la pieza que permitía abrir o cerrar gobiernos, pactar a derecha o izquierda y condicionar la agenda política hacia el territorio. Su mayor hito llegó en 1991, cuando se convirtió en la primera fuerza política de Aragón con 19 escaños, liderando el Ejecutivo autonómico. Desde entonces, y hasta bien entrado el siglo XXI, el partido fue imprescindible en un sistema sin mayorías absolutas.
El PAR abanderó algunas de las grandes causas estructurales de Aragón como la defensa del autogobierno, el rechazo al trasvase del Ebro, el equilibrio territorial, las infraestructuras vertebradoras y proyectos tractores que marcaron época. Su aragonesismo no fue identitario ni rupturista, sino pragmático, institucional y trasversal, orientado a la gestión y al acuerdo.
Protagonistas, territorio y poder comarcal
La trayectoria del PAR está ligada a una generación de dirigentes con fuerte arraigo territorial, una de las claves de su implantación durante décadas. Figuras como Hipólito Gómez de las Roces, Emilio Eiroa o José Ángel Biel simbolizan distintas etapas del aragonesismo institucional, la comarcalización y el desarrollo de proyectos estratégicos en Teruel.
La presencia del PAR en el Bajo Aragón Histórico fue especialmente relevante. El partido supo tejer una red política vinculada al municipalismo y a los grandes proyectos estratégicos. Dirigentes como José María Fuster, hoy director general de Desarrollo Estatutario, impulsaron iniciativas clave como MotorLand Aragón, mientras que en etapas anteriores Biel estuvo ligado a la consolidación de Dinópolis como motor económico de la provincia. En el Maestrazgo, la figura de Alfredo Boné fue determinante durante años, con una fuerte implantación personal y política, incluso ligada a su residencia en Villarluengo. En el Matarraña, Biel construyó buena parte de su capital político desde su masía en Ráfales, reforzando un aragonesismo práctico, ligado al territorio y a la gestión.
Ruptura interna, desgaste y pérdida de identidad
Ese capital territorial se tornó en tensiones, decisiones con acusaciones y la identidad del partido, con pugnas de poder, se fue resquebrajando con una crisis orgánica prolongada, marcada por luchas internas, judicialización de congresos, fracturas de liderazgo y una imagen pública asociada al caciquismo y al clientelismo.
A este desgaste interno se sumó la realidad de la polarización, en la que el PAR quedó atrapado entre los grandes partidos nacionales. En varias convocatorias, su alianza con el PP terminó fagocitándolo electoralmente, diluyendo su perfil propio y empujando a parte de su electorado a optar por el original. En paralelo, las coaliciones con el PSOE de Javier Lambán redefinieron el llamado socialismo aragonesista, aportando estabilidad institucional, pero al precio de difuminar la identidad del PAR, cuyos valores históricos quedaron integrados en el discurso socialista.
Uno de los episodios que mejor simboliza la fractura interna del Partido Aragonés fue la suspensión cautelar de militancia de José Ángel Biel, acordada por la Comisión Ejecutiva del partido en febrero de 2023. Biel, histórico dirigente del PAR y una de las figuras más influyentes del aragonesismo institucional —vicepresidente del Gobierno de Aragón durante tres legislaturas (1999–2011) y presidente de las Cortes (2011–2015)—, fue apartado tras realizar declaraciones públicas de apoyo al entonces líder del PP en Aragón y al proyecto político Aragoneses. La dirección del PAR evidenció la desconexión entre la cúpula actual y parte del sector histórico del partido.
Campaña nacionalizada y trasvase de voto
La campaña del 8F se ha votado en clave nacional, marcada por decisiones del Gobierno central de Pedro Sánchez, como la regularización de inmigrantes, que han polarizado el debate. Este contexto ha favorecido un trasvase de voto hacia Vox, especialmente en zonas rurales, dañando al PP, pero también al PAR, que compartía parte de ese electorado tradicional.
Pese a ello, el PAR liderado por Alberto Izquierdo intentó recuperar perfil propio con propuestas claramente aragonesistas como una Hacienda foral propia, el rescate de la bilateralidad con el Estado y la reivindicación del Estatuto de Autonomía. Sin embargo, estas ideas no lograron imponerse en una campaña dominada por la polarización, el ruido nacional y la simplificación del mensaje político en redes sociales.
Otro factor clave es la ruptura generacional de la memoria política. Para una parte importante del electorado joven, el PAR no significa nada. No vivieron sus etapas de gobierno ni su papel como partido bisagra. El partido no ha sabido trasladar su legado a las nuevas generaciones ni adaptarlo a los códigos actuales. El traslado del debate político a las redes sociales y al dominio del algoritmo ha penalizado especialmente al aragonesismo de centro. El PAR, basado históricamente en la negociación y la influencia institucional, ha quedado fuera del marco narrativo digital, dominado por mensajes emocionales, identitarios y polarizados.
El espejo de CHA y el nuevo aragonesismo
La experiencia de Chunta Aragonesista demuestra que la reconstrucción es posible. Tras la etapa de José Antonio Labordeta, CHA atravesó una recesión que supo reconducir primero con José Luis Soro y hoy con el liderazgo del joven Jorge Pueyo, que ha sabido capitalizar el voto aragonesista de la izquierda con un discurso más nítido y adaptado a los nuevos lenguajes.
El resultado es un aragonesismo fragmentado; uno de centro, debilitado y sin representación, y otro de izquierda, en expansión. El sentimiento aragonesista sigue vivo, pero la polarización política y la lógica de bloques nacionales dificultan que vuelva a expresarse de forma transversal, como lo hizo durante décadas el PAR.
La desaparición del PAR no implica la desaparición de ese espacio político, pero sí evidencia que su reconstrucción será lenta, exigirá unidad interna, liderazgo claro, programa sólido y una traducción digital eficaz. La incógnita es si ese aragonesismo de centro encontrará una nueva vía o quedará definitivamente diluido.





La desaparición del PAR es lo único bueno que ha traído este adelanto electoral.
Magnífico analisis Eva. Entre líneas se puede leer lo que ha pasado y el porqué de esas derivas de pensamiento.
En 2019 el PAR prefirió sumarse al PSOE, la Chunta y Podemos antes que formar gobierno con PP y Vox, que solo tenía 3 escaños. Ahora 14 y el PAR desaparecido, o sea, el Invento de Biel escacharrado. El Karma nunca para. Y tampoco para el PP por darles cobijo, pues digan lo que digan Azcón ha hecho un Guardiola, pero empeorándolo.
El partido tiene la fama que tiene, pero el candidato es bueno, Izquierdo me parece de lo mas sensato y verdadero que nos queda en esta provincia.