Mañana las tropas alemanas entrarán en París. Francia se ha disuelto como un terrón de azúcar en un vaso de absenta... Y así comienza una de las novelas que está cosechando más éxito en Europa. Solo en Francia lleva vendidas más de 320.000 copias y ya están vendidos los derechos cinematográficos más allá del Atlántico: El barman del Ritz, la versión novelada de la ocupación alemana de París que ha removido la conciencia de los franceses y que ha convertido a Philippe Collin (1975) en el autor más palpitante del momento, con su bagaje de ensayista, guionista de cómics, productor radiofónico y autor de podcasts históricos.
El barman del Ritz del título –nos dice el crítico Carlos Fresneda– era el austríaco Frank Meier (1884-1947), y llegó a ser el coctelero más codiciado en el período de Entreguerras. Su sucesor, Colin Field, puso a nuestro autor sobre la pista, y a partir de ahí empezó un arduo trabajo de investigación sobre la vida y milagros de este barman, cuyo resultado es esta excepcional novela que hoy tengo el placer de recomendaros.
Frank Meier se formó como coctelero en Nueva York durante la I Guerra Mundial y regresó a Europa para ponerse tras la barra del Ritz en 1921. Allí creó el bar Hemingway, en honor a su mejor cliente, y dio de beber sus famosos cócteles a casi todas las celebridades del momento: Scott Fitzgerald, Coco Chanel, Jean Cocteau, Sacha Guitry o la actriz Arletty. Pero en julio de 1940, las tropas alemanas ocupan París y sus responsables deciden hospedarse en el Ritz, como lo harán los jerarcas nazis Göring y Goebbels cuando visiten la capital francesa.
El bar del Ritz se convierte entonces en uno de los centros del París ocupado, donde confluyen los mandos de la Gestapo, las SS y la Wehrmacht, los colaboracionistas franceses, hombres de negocios sin escrúpulos, aduladores, artistas, espías, miembros de la Resistencia... Mientras, fuera reinan el hambre, los oportunistas, la violencia contra los judíos, el miedo.
La familia Ritz era originariamente suiza, y la neutralidad de su país fue usada como cobertura para permitir que el hotel siguiera abierto durante los cuatro años y medio que duró la ocupación alemana. "Goebbels aprovechó las circunstancias con fines propagandísticos para hacer creer que la vida mundana, cultural y artística de París continuaba como si nada", nos dice Collin.
Entretanto, el barman Frank Meier, conocedor de los gustos de cada uno, sigue preparando sus cócteles, imperturbable en apariencia, pero muy atento a todo lo que se dice. Porque el barman del Ritz guarda un secreto que nadie conoce, y es mejor que nadie sepa: el barman del Ritz es judío.
Philippe Collin recrea admirablemente la escalofriante atmósfera de la ocupación y lanza entre líneas una inquietante pregunta: ¿Qué habrías hecho tú en el lugar de Frank Meier? "Yo no tengo la respuesta", confiesa el autor, y deja la última palabra en manos de los lectores, de los muchos lectores que ya han saboreado esta absorbente novela.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz




