"Voy a narrar lo que no vi para que lo vea quien me escuche". Así, atónitos lectores, empieza una novela épica, oscura y poderosa: "EL EJÉRCITO CIEGO", una gran fábula sobre los vencidos que ha escrito el mexicano DAVID TOSCANA (1961) y que le ha valido el prestigioso Premio Alfaguara de novela de este año. Historia, inventiva y poesía confluyen en este magnífico retablo inspirado en las crónicas medievales y en uno de los episodios más crueles de las guerras bizantinas.
Corre el año de 1014. Tras la batalla de Klyuch, los bizantinos toman quince mil prisioneros búlgaros y el emperador Basilio ordena sacarles los ojos, dejando tuerto a uno de cada cien para guiar a los ciegos de vuelta a casa. Cuando el zar de Bulgaria los ve llegar en tal estado, carece de fuerza moral para soportar el golpe y muere.
Ellos habrán de buscarse la vida en una patria que no celebra su retorno, que no los considera ni héroes ni mártires, sino una pesada carga que les envió el enemigo.
La novela la narra Kozaron, un escriba invidente, en primera persona —nos dice la crítica Ana M.ª Olivares—; y esa elección no es un capricho formal. Poner la voz del relato en un hombre sin ojos, en una historia sobre soldados a los que han arrancado la vista, es una apuesta que tiene sus riesgos —la coherencia se puede romper en cualquier momento si la mirada interior no es lo bastante firme— y TOSCANA la sostiene con una seguridad que viene de décadas de oficio; quizá por ello es uno de los escritores hispanoamericanos más laureados.
La narración avanza en tono oral y poético, mezcla de testimonio directo, leyenda y humor negro, y esa mezcla es lo que la distingue de la novela histórica convencional. Hay algo más incómodo y más verdadero: el relato de alguien que estuvo ahí, o que pudo haber estado, y que cuenta lo que los libros de historia no contaron porque la historia no se interesa por los que pierden.
Las microhistorias que van surgiendo en la marcha a tientas de esos quince mil hombres son el corazón de la novela. Cada soldado ciego es también un hombre con su vida, su memoria, su forma particular de soportar lo insoportable. TOSCANA construye ese mosaico con una gran dosis de humor negro y con una compasión que se niega a ser sentimental, que no pide al lector que llore sino que piense.
La excelente prosa de DAVID TOSCANA construye la gesta coral de esos guerreros olvidados que descubren, a través de la imaginación y las palabras, un mundo libre y portentoso, y demuestran que tras la barbarie y la humillación puede haber dignidad y belleza. Por eso este libro es un formidable canto a la propia literatura y a la fortaleza del ser humano. Y esa es la verdadera importancia de la novela, y por eso mismo, una vez leída, es inolvidable.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz





Siento decir que la novela no me dijo nada. Me parece que es un ejercicio en contar por contar, tomando un evento del Siglo XI como excusa. Me parece pretenciosa, con una hipersimbología que aturde. De hecho, mientras leía la novela, me preguntaba cuál era el propósito que se había impuesto el escritor para contar la historia. No hay una meditación profunda de nada, a mi modo de ver. Y, más que nada, es inverosímil.