La primera frase de una novela debe contener algo de la energía de un grito inconsciente que provoca una avalancha. Debe ser la chispa que provoca una reacción en cadena... Por eso, la primera frase nunca es inocente. Contiene, en germen, todo el relato, toda la trama...
Bueno, absortos lectores, este es el inicio de una novela espectacular, maravillosa y caleidoscópica (como reza su subtítulo), que hoy tengo el gusto de recomendaros. Pero también, sin duda, es lo que se revuelve en el pensamiento de su protagonista día y noche. Porque este es un joven escritor ansioso por conseguir visibilidad y también, por qué no, por conquistar el mundo; sobre todo tras una entrega de premios literarios de escasa importancia que le ha dado la resolución que quizás necesitaba. Pero la obra, su gran novela, se resiste a ser escrita..., no tiene ni el comienzo.
Por todo ello, cuál no sería su desconcierto cuando conoce ¿por casualidad? a un extraño personaje, un tal Guy Courtois. Y es que este tal Courtois dice ser el representante de una sociedad que lleva varios siglos vendiendo comienzos de novela a escritores: primeras frases de obras maestras de la literatura en los últimos siglos.
Tras este sorprendente encuentro y su posterior trato es cuando, en verdad, comienza la genialidad de esta novela: El hombre que vendía comienzos de novela; pues la espera de la primera frase tan deseada da lugar a un entramado de relatos que nos llevan de la realidad a la fantasía, de París a Bucarest, de Europa a América, de la conciencia al sueño, del presente al futuro distópico, al tiempo que se va indagando en la creación literaria a través de las primeras frases supuestamente vendidas a los grandes escritores.
Un entramado verdaderamente caleidoscópico, donde los diferentes relatos se relacionan entre sí de un modo tan sorprendente que pone a prueba la capacidad deductiva e imaginativa del lector. Y todo ello sin que los enigmas de la creación literaria y cuestiones cruciales de nuestro tiempo dejen de ser abordados, entre la amargura y la ironía. Un universo narrativo desconcertante y barroco, hecho de saltos y rupturas, amargo y divertido, crítico y sensual que invita poderosamente a la aventura de leer.
El reconocido y premiado poeta, narrador y dramaturgo rumano Matei Visniec (1956) ha escrito la que pudiera ser su obra cumbre: un auténtico festín de literatura y una parodia deslumbrante del amor eterno, incesante, más allá de la muerte, por el arte literario.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz




