Los rostros femeninos se entremezclan con animales, con la naturaleza. El trazo fino y los colores muy suaves salpican su Instagram (@beatriz_abadia_art/) y la carpeta en la que guarda varias láminas. Ha vendido algunas y espera vender muchas más. «Me encantaría hacer una exposición en Alcañiz con todo lo que he hecho estos años», dice. Beatriz Abadía Sánchez regresó hace dos años a Alcañiz tras ocho años en Inglaterra. «No pensaba estar más de tres», dice. Antes, había pasado por Nicaragua y Atenas, donde terminó la carrera de Bellas Artes que había empezado en Barcelona.
«Soy muy curiosa, de pequeña era la que abría las muñecas o desmontaba los relojes para ver cómo funcionaba todo eso y con las artes me pasa igual, que todo me interesa», avanza. Un día se vio con un libro sobre impresión de hojas en tela, una técnica que entonces no estaba muy extendida en España. «Lo tenía en inglés, vivía entonces en Zaragoza y me propuse que ese libro lo tenía que leer bien», ríe. Contactó con una amiga para ir a verla a Inglaterra, se presentó la ocasión de trabajar en una casa cuidando niños y se quedó para aprender inglés. Mientras, siguió con sus creaciones con la técnica que tanto le intrigaba y que le llevó allí, hasta que un día en el pueblo de al lado se topó con una fundición de bronce. Estaban haciendo esculturas para Damien Hirst, un artista millonario y coleccionista, y preguntó si había hueco.

«Me cogieron, no me lo creía», sonríe. Dentro había un equipo de personas haciendo realidad el delirio del creador que había imaginado multitud de esculturas de personajes Disney rescatadas del naufragio del barco que las transportaba. Fabricaron una tras otra decenas de figuras de los personajes cubiertas de corales del fondo marino. «No se suele hablar de lo que rodea a los artistas de grandes instalaciones, pero la mayoría las hacen los artistas técnicos», explica.

Reconoce que disfrutó mucho su tiempo en Pangolin, que es como se llamaba la fundición. «Nos dieron vía libre para ir creando. De vez en cuando aparecía Damien Hirst por allí, pero todo le parecía bien», añade. Con el paso del tiempo sí se hizo más pesado, ya que apenas podía dedicar tiempo a sus creaciones personales. La pandemia puso el freno y pensó seriamente en regresar a España. Lo hizo hace dos años junto a su pareja, Phil Lineker, un inglés al que conoció en la fundición que no puso objeción a la idea de vivir bajo el sol.
Todavía se están adaptando a una vuelta muy novedosa, porque al poco de llegar a Alcañiz nació su hija, y se hicieron con el estudio de fotografía Río, un paso que evitó su cierre por jubilación.

En el estudio hay ilustraciones de Bea y tiene ideas para aplicar para las sesiones. Phil, que también hace escultura, hace años que trabaja en fotografía, incluso pasó tiempo en Tailandia haciendo fotos submarinas. Acaba de contactar con una agencia inglesa para aconsejar a grupos de fotógrafos anglosajones y ejercer de guía para tomar las mejores imágenes en carreras en Motorland. «Le encanta el motor y está feliz», dice. Mientras, sigue tratando de aprender español. Las primeras fotos de Bea las hizo en las revueltas de Atenas porque su estancia le coincidió con las grandes manifestaciones por las crisis. «Pasé miedo, pero había que verlo y fotografiarlo porque fue una época muy dura para Grecia», dice. «Estoy aprendiendo mucho. Es la curiosidad, que me ha llevado siempre por diferentes vías artísticas», dice.
Creció viendo dibujar a un tío suyo y empezó a pintar de pequeña cuando su madre la apuntó a clases con Rueda. «Era un pintor muy conocido en Alcañiz y recuerdo lo relajada que me encontraba. Estaba feliz pintando en clase». También le pedía a su abuelo que le dibujara a animales. Los incorpora a sus ilustraciones. Cree que también por influencia de su hermano Roberto, quien le enseñó mucho sobre la naturaleza.
Guitarrista de rock
Su adolescencia hasta los veintipocos la pasó con una guitarra en el grupo rock Skándalo Públiko. «Lo echo de menos», dice. «Pillamos buena época, hicimos unos cuantos conciertos hasta con Pereza o Reincidentes, que cuando lo cuento…», ríe. El último concierto fue en 2013 y se volvieron a juntar para tocar con Reincidentes en un homenaje a Montxo, guitarrista y el más joven de los brigadistas que murieron en la helitransportada de Alcorisa en 2011.
Dice que en San Jorge vio a Kalumnia, y eso le alegró por el ímpetu, la juventud y por los recuerdos que le trajo. «Quien tenga la inquietud, que se lance porque en música se conoce a mucha gente y se comparte mucho», invita. «En cuanto me asiente un poco más, no descarto retomar algo con la música. De hecho, no descarto nada», añade.







