En verdad, detectivescos lectores, el señor Bowling es un tipo de lo más anodino. Es un hombre normal y corriente, sin nada en especial que lo haga peligroso; al contrario, es más bien un ser bonachón: "soy un tipo bastante tranquilo, triste", dice, "espero que me supongan bastante agradable". Pero la verdad es que el señor Bowling es un asesino.
No puede resistirse al deseo de matar. Sin embargo, es un asesino que desea ser capturado; la diferencia es notable.
Estamos en Inglaterra, en plena Segunda Guerra Mundial, durante los bombardeos nazis a la población inglesa. En uno de esos bombardeos, el señor Bowling aprovecha para deshacerse de su esposa por razones puramente económicas, y desde entonces se ha obsesionado con la muerte.
Para él, asesinar es como un impulso, una voz que le susurra al oído quién será su próxima víctima. ¿La razón? No siempre hay una, pues él no es un asesino corriente. La verdad es que no le gusta matar, pero como no puede dejar de hacerlo, después de cada crimen deja tras de sí pistas con la esperanza de ser atrapado y poner fin a su tormento.
Además, para mantenerse al corriente de los avances de la investigación policial compra compulsivamente el periódico, el Evening Standard, aunque nunca le ha gustado leer los periódicos. El problema es que la justicia está a años luz de descubrirlo, pues en los suburbios del Londres de la guerra, el rastro de sus asesinatos se pierde continuamente entre los bombardeos nazis.
La pregunta es: ¿cuántos periódicos más deberá comprar el señor Bowling antes de ser por fin capturado?
La editorial Siruela, en su sobria y exquisita "Biblioteca de clásicos policíacos", ha incluido El señor Bowling compra el periódico, verdadera obra de culto desde su publicación en 1943 y ejemplo magistral de narración inversa: una novela imprescindible de la literatura de este género.
Igual de peculiar que la novela es quien la escribió, el londinense Donald Henderson (1905-1947), que debe su fama exclusivamente a esta obra. Su carrera fue la de actor, sobre todo en la BBC, y su vida hubiera pasado inadvertida para el mundo si no hubiese creado esta obra maestra, que fue adaptada con gran éxito al teatro y a la televisión.
Además, cautivó al que fue sin duda su más entusiasta promotor: el gran escritor norteamericano Raymond Chandler, máximo referente en aquella época de la novela negra: "He leído esta novela media docena de veces", decía, "y la he comprado todavía más para distribuirla entre los amigos. Creo que es uno de los libros más fascinantes escritos en los últimos diez años. Todos los que lo han leído en mi limitado círculo están de acuerdo conmigo".
Bueno, pues ya sabéis, si queréis estar de acuerdo con Chandler no os perdáis esta magnífica y desconcertante novela. Es una auténtica delicia.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz




