Un total de 20 niños participan durante esta semana en el campamento de motociclismo Motocamp de Motorland
Con la llegada del verano comienzan los campamentos infantiles, actividades perfectas para que los más pequeños pasen sus primeros días de vacaciones y disfruten con niños que tienen los mismos gustos e inquietudes que ellos. Este sábado arrancó en Motorland un campamento muy especial dedicado al mundo del motociclismo: Motocamp. Durante siete días, el complejo del motor será la casa de 20 niños que pasarán sus primeros días de vacaciones haciendo lo que más les gusta, que no es otra cosa que montar en moto.
El circuito de tierra de Motorland será su particular aula teórico-práctica hasta el próximo sábado, un escenario ideal para mejorar la conducción y conocer las virtudes y peligros que conlleva el mundo del motociclismo. «No es un campamento orientado a la competición, sino que nuestro objetivo es conseguir que los niños aprendan a montar en moto», explica Guillermo Sánchez, gerente de Titirinela English&Fun, empresa organizadora y uno de los tres monitores del campamento. Para él, poner en marcha Motocamp, que arrancó en 2016, ha sido «un sueño hecho realidad».
«Uno de los principales problemas que tiene todo el mundo al comenzar al ir en moto, y también después, es el miedo. Lo que buscamos es que los chavales ganen confianza en sí mismos, que estén motivados y consigan salir de aquí como pequeños grandes pilotos», prosigue Sánchez. Por eso el lugar ideal para realizar el campamento es el circuito de tierra de Motorland, donde practican las modalidades de motocross y enduro, además de recibir nociones básicas sobre mecánica. «Pensamos que son las mejores escuelas del motociclismo. Los niños se encuentran situaciones que en un futuro se pueden encontrar en la carretera y, de esta manera, ya tienen las bases para saber cómo responder ante esos peligros».
Durante esta semana, los participantes en Motocamp disfrutarán de sesiones intensivas en el campamento con cerca de siete horas encima de la moto, aunque también se han programado actividades complementarias, como sesiones de vídeo o salidas a La Estanca. Con todo, la moto es la principal protagonista. «Si podemos montar en moto, montamos. La verdad es que casi nos cansamos antes los monitores que los niños, que no se quieren bajar de las dos ruedas», cuenta Guillermo Sánchez.




