Los jóvenes de la comarca del Maestrazgo apuestan por la ganadería extensiva y se adentran en el sector, ocho jóvenes se han abierto su explotación desde 2020. Así, de los 170 ganaderos de la comarca, que tiene 3.177 habitantes, 30 tienen 40 años o menos. La cifra supone un 18%, lo que indica la prosperidad del sector en la comarca, así lo ve Alberto Izquierdo, vicepresidente de la Diputación de Teruel: «El Maestrazgo y Gúdar-Javalambre son las comarcas con más jóvenes ganaderos, rompen la tónica general de España. Hay relevo generacional pese a las dificultades del mercado y al aumento de exigencias desde Europa».
La Oficina Comarcal Agroambiental de Cantavieja, OCA, ha recibido tres solicitudes de jóvenes para incorporarse en el sector en lo que va de año, dos explotaciones vacunas y una ovina. El año pasado también hubo tres incorporaciones, dos de vacuno y una de ovino, mientras que, en 2020, una de vacuno y una de ovino. Un total, en tres años, de cinco nuevas explotaciones vacunas, que representan el 62%, y tres nuevas explotaciones ovinas, el 38%. La cifra menos positiva está relacionada con el ganado porcino, que en los últimos 15 años no ha abierto ninguna granja, aunque algunas de ellas sí que se han traspasado de nombre.
Los ganaderos jóvenes del Maestrazgo pretenden relanzar y poner en valor la ganadería extensiva de la comarca, que destaca por su calidad, pero también por las características de desarrollar la práctica en un agreste y basto monte. La tradición, de una comarca única en la provincia, se aúna con la innovación, y hace que el sector experimente un auge, promovido en gran medida por jóvenes con ganas de emprender que abren su explotación ganadera o continúan con el ganado familiar.
«La ganadería y la agricultura son los mejores frenos para la despoblación, por lo que las administraciones debemos tener sensibilidad y ayudarles»
Alberto Izquierdo. Vicepresidente de la Diputación de Teruel
La falta de relevo generacional en el sector primario afecta a todo el país, sin embargo, quienes continúan con las explotaciones familiares o se adentran en el negocio están movidos por un fuerte vínculo, que los lleva a incansables horas de dedicación por el bienestar de sus animales e intentos por mejorar sus ganaderías. Muchos ganaderos del Maestrazgo se refugian en el sector como una oportunidad para vivir donde han nacido, y donde quieren continuar haciendo lo que más les gusta. «Los jóvenes están haciéndose cargo de explotaciones familiares porque quieren vivir en el pueblo, donde les ata una cultura. La ganadería y la agricultura son los mejores frenos para la despoblación, por lo que las administraciones debemos tener sensibilidad y ayudarles», expresa el vicepresidente de la diputación provincial.
El sector vacuno es en el que más ha aumentado el número de ganaderos y de cabezas de ganado en los últimos años, así lo aprecian desde la Zona Veterinaria. En la oficina hay 98 ganaderos de vacuno, que tienen un total de 5.200 reses. La zona aglutina doce localidades; Allepuz, Cantavieja, La Cañada, La Cuba, Fortanete, Iglesuela, Mirambel, Miravete, Pitarque, Tronchón, Villarluengo y Villarroya. De los casi 100 ganaderos de vacuno, solo cuatro son mayores de 65 años, y diez son menores de 30 años, lo que supone más del 10%. En ganado ovino y caprino, hay un total de 22.000 cabezas, que están en manos de 46 explotaciones, donde seis ganaderos son mayores de 65 años y cinco no alcanzan los 30 años. Además de dos sociedades de equino y la incorporación de las abejas, que, hasta hace escaso tiempo, no se trabajaban o comercializaban profesionalmente.

Un ejemplo de nuevo joven ganadero es Luis Altaba, quien con sus 27 años tiene una explotación de 70 vacas. Luis también es presidente de GAVAMAES, Asociación de Ganaderos de Vacuno del Maestrazgo, que integra casi 100 socios. Desde GAVAMAES están trabajando para rentabilizar las explotaciones, mejorar la fertilidad de los animales y digitalizar los procesos burocráticos, así como la formación de los trabajadores.
Luis trabaja su explotación con cariño y empeño, teniendo en cuenta lo que ha visto en casa y también lo que va aprendiendo. «Empiezas como se ha hecho toda la vida, pero intentas modernizarlo para que sea más cómodo y manejable, por ejemplo, automatizar los comederos, pero supone una inversión de la que no siempre se dispone», explica el ganadero. Luis ha invertido 110.000 euros en la adquisición de la nave, maquinaria y el ganado, por lo que ha recibido ayudas que cubren del 40 al 45%.

De igual forma, Elena Ibáñez, con 31 años, trabaja en la explotación familiar, donde regresó después de haber estudiado un módulo de veterinaria. En su masía, la Torre Perucho, trabajan las 110 vacas que están a nombre de su madre. Sin embargo, en la mayoría de las explotaciones de la comunidad, el titular es el hombre. El departamento de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón refleja que las mujeres son titulares del 23% de las explotaciones, sin embargo, solo en el 16% son jefas de explotación. «Las mujeres trabajamos en el campo igual que los hombres, pero a veces no aparecemos en los datos porque los animales están a nombre del marido», denuncia Elena.

La ganadera considera imprescindible la constante formación para trabajar los animales. «Es fundamental ir adquiriendo nuevos conocimientos, por eso siempre me apunto a todos los cursos», destaca Ibáñez. El aprendizaje se facilita gracias a GAVAMAES, donde buscan formar sobre inseminación y mejora de genética, aunque también están trabajando para digitalizar los procesos burocráticos. La tramitación digital beneficiaría especialmente a ganaderos de masías o pueblos alejados, dejando de ser necesario que se desplazasen hasta la oficina de Cantavieja. «La burocracia muchas veces implica invertir un tiempo que no sobra, además de tener unos conocimientos. Para todos, y especialmente para gente mayor, es complicado», aclara el presidente de GAVAMAES.
Falta de relevo en el sector ovino y caprino
Pese al auge del sector vacuno, desde la Zona Veterinaria, remarcan que hay más ganaderos que se jubilan que gente joven que entra en el sector. La problemática se hace tangible especialmente en el ganado ovino y caprino, donde no hay relevo o incluso gente del sector se pasa a explotaciones vacunas. La falta de nuevos pastores se explica porque, según ellos mismos, la oveja es un animal más sacrificado, que requiere más atención y tiene un manejo menos libre.
«Las ovejas están en total decadencia, nuestro sector fue el motor económico de la comarca en los siglos XVII y XVIII con la comercialización de la lana, pero ha quedado obsoleto»
Roberto Rabaza. Pastor y presidente de la Comarca del Maestrazgo
El presidente de la comarca, Roberto Rabaza, conoce muy bien el sector ovino, por lo que desde primera mano como pastor, prevé un futuro nada alentador. «Las ovejas están en total decadencia, nuestro sector fue el motor económico de la comarca en los siglos XVII y XVIII con la comercialización de la lana, pero ha quedado obsoleto», explica Rabaza. Roberto también señala que la complejidad del animal aumenta en el territorio: «En zonas más agrícolas se pueden estabular en época de cría y no da tanto trabajo, pero aquí es más esclavo. Hace que la rentabilidad por horas sea menor».

Adrián Palomo, con 23 años, ha tomado las riendas del rebaño familiar, que actualmente cuenta con 1.100 cabezas, 550 a su nombre y 550 cuidadas por su hermano. «Quienes seguimos con el rebaño es porque lo hemos mamado desde pequeños. A mí me gusta mucho, te reconforta que después de tantas horas las ovejas se hagan grandes y crezcan bien, ves que ha valido la pena», asegura el pastor.
Pese al gran cariño que Adrián tiene a sus animales, es consciente de las trabas que hay en su oficio. «Son muchas horas sin una recompensa al instante, y sobre todo, si tienes que montar las instalaciones, por eso es aún más difícil abrirte la explotación. Hay subvenciones que ayudan, pero al principio necesitas mucho dinero y vienen poco a poco», expresa Palomo, quien ha recibido ayudas por incorporación y modernización que suponen casi la mitad de la inversión realizada. En este sentido, también Alberto Izquierdo, vicepresidente de la DPT, considera que son las explotaciones más difíciles de modernizarse por tener que pastar, y que, por eso, y la complejidad del animal, se explica la falta de nuevos pastores.

Problemática
Además, los ganaderos del Maestrazgo se enfrentan a una climatología complicada, que provoca que los animales no puedan pastar todo el año y dificulta el trabajo cuando hay nevadas. «Si nieva te tienes que quedar en la masía, aunque haga frío, porque no pueden estar los animales desatendidos», remarca Elena. La ganadera también matiza que requieren adquirir alimento en un año en el que nunca habían visto un precio tan alto. «El invierno es duro y hay que comprar avena y pienso para ocho meses. El pienso ha aumentado más de un 20% respecto al año anterior», puntualiza Ibáñez.
20%
El pienso ha aumentado más de un 20% respecto al año anterior
Quienes trabajan el ganado se enfrentan a una incertidumbre por el precio variante de los animales y su comida. Además, en las comarcas rurales alejadas de polígonos industriales, ven cómo el coste del pienso o los portes por llevar los animales al matadero se encarecen por la distancia. Estas explotaciones también tienen que seguir una normativa, que, aunque necesaria, en ocasiones complica la labor y ralentiza los trámites.
La falta de nuevas incorporaciones en el sector porcino también se debe a una legislación más estricta, como el cumplimiento de distancias mínimas a otras granjas porcinas, que imposibilita en ocasiones la ampliación de la nave. En concreto, la altitud afecta en gran medida. Instalaciones acordes a la climatología con calefacción, un difícil acceso a las cuadras en invierno o proveerse de pienso para las nevadas son algunos de los problemas a los que se enfrentan.

Europa, el Ministerio de Agricultura y el Gobierno de Aragón conceden ayudas dirigidas a favorecer la incorporación de jóvenes al sector y la modernización de explotaciones, sin embargo, algunos ganaderos como Adrián, las consideran «insuficientes». Elena Ibáñez coincide con Adrián y también ve fallos en la administración. «En vez de dar ayudas ponen muchas trabas, exigen mucho papeleo y requisitos para nuevas incorporaciones», denuncia Elena Ibáñez, quien también añade que, aunque se concedan ayudas, muchas veces llegan tarde. «Te dan dinero, pero lo conceden en cinco años, y en ese tiempo tienes que alquilar las fincas y comprar alimento, por lo que tienes que pedir préstamos».
También Luis encuentra un problema en la financiación y el reparto de ayudas de la PAC, en la que denuncia que se favorecen más los derechos históricos que a ganaderos en activo. «A veces se beneficia más a gente que ya no trabaja los animales que a los que estamos operativos. No está bien distribuido», recalca Altaba.

Labor fundamental
La ganadería es un trabajo en el que no hay vacaciones ni días libres, requiere muchas horas de dedicación y también una continua formación. Pese a ello, quienes trabajan el campo y los animales saben que su labor es imprescindible; es la base de la cadena alimentaria. En concreto, la ganadería extensiva, favorece el bienestar animal, que repercute también en la calidad de la carne. La ganadería extensiva juega un papel fundamental en la limpieza del monte, mantiene sendas despejadas y previene incendios. Alberto Izquierdo conoce el sector en la comarca turolense, por lo que pone en valor el trabajo de estos ganaderos y sus ganas por mejorar la ganadería. «Están mejorando sus explotaciones, no tanto en cantidad sino en calidad, cada vez hay más razas selectas y ganaderos profesionales», enfatiza Izquierdo.
Los ganaderos del Maestrazgo saben bien la problemática de su trabajo, sin embargo, se niegan a abandonar el sector. Elena tiene claro que quiere continuar trabajando con sus vacas. «Sentarme en el campo y ver que los animales están bien es un gran placer porque te ha costado mucho. Lo has visto siempre y yo no podría vivir sin ello», afirma. Entre risas destaca: «Desde luego para trabajar 14 horas al día, haga frío o calor, te tiene que gustar». Adrián Palomo también sabe que pese a los esfuerzos y complicaciones que requieren sus animales, su gran afición le hace no querer verse en otro lugar que no sea con sus ovejas. «Poder vivir en el pueblo, estar en el campo y hacer lo que a uno más le gusta, no tiene precio», concluye el de la Torre Julve.







