Verdaderamente, admirados lectores, ser hija de dos de los más importantes y geniales poetas del siglo XX y querer dedicarte, además, también a la escritura, no es una carga nada fácil de llevar. Y eso es, precisamente, lo que ha sentido durante tanto tiempo FRIEDA HUGHES (1960): hija de Ted Hughes y Sylvia Plath.
Que su poesía fuera comparada a la de ellos le creó tantas dudas y ansiedad, tanta falta de sueño que, al final, cayó enferma con síndrome de fatiga crónica. Pero, quizás, todo ese malestar empezara ya en su desdichada niñez: "A raíz del suicidio de mi madre (se asfixió dejando abierta la llave del gas), el 11 de febrero de 1963, a mi padre le costaba asentarse. Su estilo de vida itinerante implicaba que mi modesto armario y mis libros (no tenía juguetes) nunca estaban en un único sitio, y tampoco podía hacer amigos (no tenía amigos de verdad). Adondequiera que él fuera, mi hermano y yo lo acompañábamos como dos apéndices a remolque…siempre intentando aclimatarme a un paisaje y a un universo nuevo". Pero un día, por fin, logró echar raíces. Fue cuando compró una vieja casa destartalada en lo más profundo de la campiña inglesa con la idea de rahabilitarla; allí esperaba emprender algunos proyectos: plantar un jardín, pintar y, sobre todo, escribir.
Ahora, que acaba de cumplir los 64 años, FRIEDA tiene una carrera literaria asentada: ha dado siete libros para niños, ocho poemarios y numerosos artículos para diarios y revistas. Pero toda esa productividad en realidad empezó cuando en aquella casa de campo se encontró, sin querer, rescatando a una cría de urraca, la única superviviente de un nido destruido por una tormenta. Poco a poco, George, la urraca, pasa de ser una bola de plumas que grita exigiendo comida a convertirse en un compañero inteligente y muy rebelde que destroza la casa, aterroriza a la señora de la limpieza y contribuye a hundir el matrimonio en crisis de HUGHES. Y, sin embargo, es imposible evitar enamorarse perdidamente de él.
FRIEDA, cautivada, teme lo que sucederá cuando llegue el momento de liberarlo y acaba embarcándose en una obsesión que cambiará el curso de su vida.
Y este es el maravilloso libro en forma de diario que os quiero recomendar con fervor: "GEORGE. MI AMISTAD CON UNA URRACA"; y que FRIEDA escribió con un humor y una humanidad y una ternura irresistibles. En él, además de sus disparatadas aventuras con George, nos invita a acompañarla en su insólito viaje hacia la alegría y los vínculos, hacia las ganas de volver a escribir y hacia ese "despreocuparme de lo que la gente pensaba de mí, de lo que hacía y de las odiosas comparaciones con mis padres". Una prueba más de que conectar con la Vida -sus plantas, sus animales- tiene el poder de relativizar los problemas y de enseñarnos lecciones fundamentales y de proporcionar consuelo a almas heridas.
Bellísimo, tierno, poético, conmovedor y muy divertido, este libro de memorias es la mejor visión que podemos tener de la lucha de FRIEDA por volar libre.
George, mi amistad con una urraca
Verdaderamente, admirados lectores, ser hija de dos de los más importantes y geniales poetas del siglo XX y querer dedicarte, además, también a la escritura, no es una carga nada fácil de llevar




