Esta familia se prepara para vivir con cariño estos días en torno a las tradiciones. Participan activamente en la Semana Santa, como guardias, cofrades y tamborileros de La Seleccionadora
La tradición tamborilera en la familia Félez se remonta a los años 40, cuando en la Villa Minera se empezó a tocar por Semana Santa de forma más generalizada. El padre de Antonio Félez, Manuel, ya tocaba el tambor y se puede decir que lo ha mamado desde pequeño. Su madre, Ascensión, que con 92 años sigue cocinando tortilla de bacalao para toda la familia la noche del Viernes Santo y observa las procesiones atenta con su silla de mimbre en la esquina de la Ibercaja, es de La Puebla de Híjar. Por eso, él comenzó a salir en Andorra vestido como los poblanos. «Con túnica negra y su tercerol en la cabeza. Así salía de pequeño», explica entre risas mientras su nieto, Pablo, le observa con atención y esperando su turno.
Hoy Antonio, con 60 años, es miembro de la Junta del Cristo de los Tambores y también de la cofradía Jesús Resucitado. Su pasión le sigue llevando a ensayar con el grupo La Seleccionadora, con quienes comparte buenos momentos en torno a una tradición que le llena en todos los sentidos. «Empecé en este grupo a finales de los 80 y ahora mi hijo toca con nosotros». Antonio Javier lo confirma. Todos dicen que es un «hacha» con el tambor.
Antonio Javier es el pequeño y, además de acudir con su padre a La Seleccionadora, es del grupo Los Destensaos. «Realmente es una cuadrilla que convivimos toda la Semana Santa juntos. No somos grupo oficial porque no se puede ensayar como quisiéramos». Muchos no viven en Andorra y, aunque lo intentaron, era imposible. Es otra consecuencia de la despoblación. Son unas 80 personas y, tal y como detalla Antonio Javier, que no para en casa durante estos días, es un grupo «dedicado al ocio».
Su hermano mayor, César, sonríe y reconoce que él no es tan tamborilero como su padre y su hermano, aunque ambos fueron a la escuela del tambor desde pequeños. «Yo lo colgué cuando me dejaron entrar a los bares. ¡Para qué te voy a engañar!», se sincera.
Pero César sí participa activamente en la Semana Santa. Forma parte de los penitentes, o, como matiza su padre «pelitentes». «Se llamaban así por el pelo del casco, pero con los años la palabra ha evolucionado», dice.
César continúa explicando cómo desde pequeño siempre le había llamado la atención la Guardia Romana. En 1998 le dejaron por primera vez un traje y, al año siguiente, ya se hicieron nuevos. Entró en el grupo y, desde entonces, su uniforme de lancero nunca se ha quedado en casa, como así manda la tradición. «Hay reservas y yo mismo tengo a mi hermano como sustituto. La regla es que el traje tiene que salir sí o sí», dice César. Su hermano lo ha llevado en muchas ocasiones y también su tío Manuel, el hermano de su padre, que es sacerdote en Barcelona. «Además la gente nos reíamos porque le decíamos: ¡tú tendrías que estar en el otro bando!».
Antonio sonríe porque él es el único que no ha llevado nunca el traje de su hijo. «Una vez me lo iba a poner pero llovió y no pudimos salir», recuerda divertido. Puede que fuera una señal porque lo suyo, sin duda alguna, es el tambor. Hace memoria y muestra la prueba de que los Félez han tenido esa conexión «Penitentes-tambores» desde el siglo pasado. Con satisfacción, Antonio saca una foto de su bisabuelo paterno tocando el tambor en el grupo de la Guardia Romana. Es en blanco y negro y está algo borrosa, pero supone un tesoro en forma de imagen que refuerza la pasión por la Semana Santa que rodea a esta familia.
Todos centran la atención ahora en los más pequeños, los hijos de César; Pablo, de 5 años, y Martín, de tres. El mayor hace de portavoz. Explica cómo juega con sus amigos, en los recreos, a representar procesiones y cómo lo hace también con su hermano, en casa. Se ponen el casco y llevan el paso y el toque alabardero. «Están así desde Semana Santa hasta final de curso», dice su padre. Pablo y Martín salen a las procesiones con su madre, Ana Isabel. Aunque nacida en Zaragoza, desciende de la Villa Minera por lo que la Semana Santa la ha vivido desde pequeña con su bombo.
Al mando de toda la familia está Isi Castro, la madre de César y Antonio Javier. Es la fotógrafa oficial, un papel que le encanta. Espera en cada procesión a su marido, hijos y nietos para seguir aumentando el archivo fotográfico de los Félez Castro. También es la que se encarga de preparar los dobles de las túnicas y arreglarlas año tras año. Pero no solo eso. Isi también está lista cada Semana Santa para participar activamente en su cofradía, la de Jesús Resucitado.
Recuerda cómo fue una de las primeras mujeres en participar en el lavatorio de pies y en subir el Cristo de los Tambores a San Macario. Su familia vino de Jaén y se asentó en Andorra y, aunque su hermano sí tocó desde pequeño, ella comenzó más tarde con el bombo. Este año, Antonio e Isi cumplen 40 años de feliz matrimonio, una felicidad que crece al estar rodeados de sus hijos y nietos.




