El verismo literario fue una tendencia surgida en Italia a finales del siglo XIX, cuando ya había un cierto tedio del romanticismo. No cabe duda de que su principal influencia fue el naturalismo francés de Balzac y, sobre todo, de Zola. La cuestión era reflejar la sociedad en todos sus estamentos, pero incidiendo en la vida y penas de la clase más baja. El más importante de los veristas italianos fue el siciliano nacido en Catania Giovanni Verga (1840-1922), uno de los más grandes escritores europeos de aquella época. Y si Zola centró buena parte de su obra en el proletariado urbano, Verga presentó un mundo campesino pobre y retrasado, visceralmente ignorante, supersticioso e íntimamente anclado a los prejuicios, aunque, eso sí, moralmente sano.
En estos días, la editorial Periférica ha vuelto a reeditar un pequeño libro de apenas 150 páginas: LA VIDA EN EL CAMPO, que contiene ocho relatos, me atrevo a decir ocho pequeñas joyas literarias, del gran maestro Verga. En ellos nos relata, con una emoción siempre contenida y mostrando su oído para el habla local de la gente sencilla, las vidas y muertes de aquellos sicilianos que nunca aparecían en las novelas al uso: campesinos paupérrimos, pastores sin suerte, mineros engullidos por la tierra, pescadores que viven en lugares inhóspitos (como los de la película "Stromboli", de Rossellini), exsoldados enamoradizos, segadores hechizados por la pasión... Vidas y muertes retratadas sin artificio, a la cruda luz de un verismo no obstante animado por un profundo sentimiento poético y por la inconmensurable empatía de quien hace suyo el sentir del alma popular siciliana, con sus odios ancestrales, su impetuoso erotismo, su resignación ante su trágico destino, así como su sentido del honor y de la dignidad. Esta muchedumbre de desgraciados que vive en estos relatos está indisolublemente ligada a la tierra en que vive y por la cual siente un afecto primitivo, tierno, inalterable, a pesar de los tormentos que les impone. Y es precisamente ahí donde surge esa poesía de Verga que hechizó e influyó tanto a algunos autores posteriores: al decadentista D'Annunzio, al Nobel Pirandello, a Pavese, a Pasolini..., y a un buen número de cineastas que han llevado su obra a la gran pantalla —Visconti filmaría en 1948 "La tierra tiembla". Uno de sus más grandes admiradores fue D. H. Lawrence, que tradujo su literatura al inglés y del cual dejó escrito: "VERGA es uno de los grandes maestros del cuento. "LA VIDA EN EL CAMPO" contiene algunos de los mejores cuentos escritos en todo el mundo. Entre ellos, algunos tan breves y eficaces como los de Chéjov". No sé qué más puedo decir para convenceros; quizás, que para disfrutar la vida hay cosas que no pueden dejarse pasar, y LA VIDA EN EL CAMPO es una de ellas.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz




