Ni la lluvia ni el frío otoñal impidieron que Andorra se sumergiera este fin de semana en un auténtico viaje al pasado. Los andorranos despidieron este domingo tres días en los que las calles se llenaron de capas, pieles, abalorios y botas de pelo después de que el viernes inauguraran la XVII edición de Lakuerter Íbera. Se trata de una fiesta de recreación íbera y romana que, desde que en 2018 fue declarada Fiesta de Interés Turístico de Aragón, no ha parado de crecer en participación.
La ambientación, el mercado y las representaciones históricas hicieron que los visitantes se sumergieran de lleno en un mundo de hace más de 2.000 años pobló la zona, en el que la rivalidad entre íberos y romanos se vuelve a escenificar cada noviembre en Andorra.
Lo que comenzó hace 17 años con apenas unos cuantos clanes reunidos en torno a una idea común de identidad, hoy se ha convertido en una celebración en la que participan más de 2.000 personas entre clanes y tropas romanas. Actualmente, son 12 los clanes que participan y a los que se suman los romanos: Clan del Búho, Clan del Buitre, Clan del Ciervo, Clan del Cuervo, Clan del Lince, Clan del Lobo, Clan de la Grulla, Clan del Caballo, Clan de la Cabra, Clan de la Culebra, Clan del Jabalí, y Clan del Toro.
Foto de grupo de los diferentes clanes que hacen posible Lakuerter Íbera./ S.C.-A.H.L.
"Es una fiesta del pueblo, para el pueblo y el mérito es del pueblo y de los clanes", reivindicó Rebeca Folch, secretaria del Consejo de Clanes desde la primera edición de Lakuerter. A su lado, Ana Quílez, vocal del mismo consejo, incidió en que, pese a las inclemencias meteorológicas, la implicación ciudadana no falló esta edición.

Este año, el mal tiempo se hizo notar incluso antes de que comenzara la fiesta. El jueves, día previo al arranque oficial, la lluvia y el temporal obligaron a actuar con rapidez en varios puntos del recinto. Los clanes tuvieron que echar grava para estabilizar sus zonas y evitar el barro. A pesar de las lluvias del viernes y el frío del sábado, la participación se mantuvo más que firme.
Impacto de la feria
Más allá de lo lúdico, Lakuerter Íbera tiene un peso más que evidente en la economía local. La feria no solo moviliza a miles de personas, sino que activa sectores como el comercio, la alimentación, la hostelería o los servicios técnicos. "Lakuerter deja miles de euros en Andorra. En noviembre apenas hay actividad cultural o turística, y esta cita es un auténtico salvavidas para el pueblo", destacaron desde la organización.
Tiendas de telas, carnicerías, panaderías, tiendas de accesorios y pequeños proveedores de la zona encuentran en esta celebración un impulso esencial para cerrar el año. Incluso algunos negocios generan productos específicos para la cita.
El mercado, como cada año, volvió a ser un gran atractivo tanto para los vecinos como para los visitantes de la feria. Contó con una veintena de puestos que ofrecieron desde gastronomía típica hasta piezas de artesanía elaboradas en directo. Vino caliente, crepes, sobaos y quesadas de Cantabria, embutidos de Castilla y León, especias, frutos secos, chocolates artesanos, así como joyería, juguetes de madera o jabones naturales eran algunas de las ofertas. También hubo un carrusel artesanal como atracción para los más pequeños.
Durante la recreación íbera, una de las principales novedades fue la separación de los juegos íberos y el espectáculo de lucha de gladiadores, que este año se celebraron en horarios y espacios distintos del municipio con el objetivo de mejorar la experiencia del público. En ediciones anteriores, algunas personas habían mostrado su desacuerdo con la ubicación y el desarrollo conjunto de ambos actos, señalando el frío que sufrían durante el tiempo que permanecían sentadas en la Plaza de Toros y la excesiva duración del espectáculo, que dejaba el poblado íbero prácticamente vacío. Atendiendo a estas sugerencias, los juegos se celebraron en el recinto íbero a las 16.15, desde donde partió un desfile de legionarios y gladiadores hasta la Plaza de Toros, escenario de la Munera Gladiatoria a las 18.00, de la mano de Lodus Piagordus.
Pero el éxito de participación y el crecimiento de Lakuerter también trae consigo una preocupación: la falta de espacio para nuevas incorporaciones. El Clan de La Grulla, el más joven en sumarse a la fiesta, lo hizo recientemente, y desde entonces ya no hay espacio para poder dar cabida a un nuevo grupo.
Desde el Consejo de Clanes señalaron que la duda sobre el lugar físico para la llegada de nuevos clanes está en el aire. Este asunto se complica aún más con la futura construcción de un pabellón en el recinto actual. "Esto seguirá adelante porque queremos que siga así. No sabemos dónde ni cómo, pero seguirá". La voluntad del pueblo está por encima de cualquier obstáculo, pero el debate sobre la reubicación o rediseño del espacio comenzará a ponerse sobre la mesa finalizada esta edición.
Instantes de tres días de celebración de Lakuerter Íbera 2025. / S.C y A.H.L









































