Un día, hace ya demasiado tiempo, leí una novelita profundamente delicada, tanto que hizo que me enamorara de su autora y que iniciara la tarea de leer todo lo que encontrara de ella. Era LAS PALABRAS DE LA NOCHE de NATALIA GINZBURG (1916-1991). Esa italiana que cuando fue entrevistada por la gran Oriana Fallaci la describió así: "Ni guapa ni elegante (...) con ese aire un pelín apagado de tía soltera y sin edad definida (...) una mujer hecha para llevar cargas y dolores con entereza. (...) Sorprende su voz... que te atrapa, te fascina".
Pero sobre todo te fascina su escritura, brillante y hermosa; alguien dijo que ninguna escritora ha poseído, como ella, una mirada tan sutil y precisa. Y es verdad. Es "una escritura casi translúcida, tan clara, tan directa, tan aparentemente sencilla que da al lector la mágica sensación de aprehender el mundo por primera vez".
Y ahora que la editorial Lumen ha reeditado, con la excelente traducción de Andrés Trapiello, esa LAS PALABRAS DE LA NOCHE que me sedujo de inmediato, como podéis comprender, no he resistido la tentación de recomendaros su lectura y posterior deleite.
Es Italia, en un pueblo cercano a Turín y después de la Segunda Guerra Mundial. Allí, unas cuantas familias de la burguesía piamontesa luchan por salir del dominio del fascismo y cumplir el papel y las aspiraciones que les han sido asignados. La narradora, Elsa, tiene veintisiete años y vive con sus padres. Mientras su soltería es un motivo de continua ansiedad para su madre, ella observa la asfixiante vida local: dos generaciones de vecinos y parientes con sus chismes, sueños rotos, desamores y ansias de felicidad.
Extrañamente ausente de estas historias, Elsa aflora de repente de entre la sombras, para revelar un rostro desconocido para todos, incluido el propio lector.
La GINZBURG, igual que hicieron alguno de sus colegas como Césare Pavese, localiza sus historias en un tiempo más o menos determinado —el de la Guerra y la Posguerra—, un tiempo que tanto la hizo sufrir, pues en él fue asesinado su marido por los nazis. Y lo hace, además, en mundos pequeños y reconocibles (alguien la ha comparado con Chéjov), pero sus temas transcienden lo local para convertirse en universales: la lectura de sus libros, de este en particular, va dirigida a todos los hombres y mujeres que se acerquen a él, a mí, a ti, ese es su poder y esa su maravilla.
Por esto escribió Sally Rooney: "Cuando lo leí por primera vez, me pareció que leía algo que había sido escrito para mí, algo que había sido escrito casi dentro de mi propia cabeza o mi corazón".
LAS PALABRAS DE LA NOCHE... "es la novela más hermosa que has escrito", le dijo Italo Calvino a NATALIA en una carta. Yo también lo creo.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz




