Mientras la mayoría de los jóvenes escoceses de su edad araban y sembraban con las faldas arremangadas, Mungo Park enseñaba las nalgas a al-Haj Alí Ibn Fatoudi, emir de Ludamar.
Bien, curiosos lectores, así empieza una de las mejores novelas de la segunda mitad del siglo XX, por lo menos la más desternillante, hilarante y exótica: "MÚSICA ACUÁTICA", que, por fin, ha vuelto a reeditar la editorial Impedimenta, y, claro, no he podido resistir el hablaros de ella e intentar comunicaros esos momentos de máxima felicidad que pasé mientras la leía.
Todo comienza alrededor del año 1795, cuando el rey Jorge III empezaba a perder la razón en las estancias de Windsor, o Goya se replegaba en su sordera o Beethoven estrenaba en Viena su maravilloso segundo concierto para piano. Pero también, cuando en Escocia un joven médico sin experiencia llamado Mungo Park (famoso explorador británico) se embarcaba hacia África con la obsesión de trazar el curso del misterioso río Níger.
Héroe iluminado, lo acompaña un esclavo mandinga versado en latín y griego con quien habrá de zafarse de emires que les quieren sacar los ojos, soportar virulentas fiebres y huir de reyes africanos que dictan sentencias entre extraños rituales. En su deambular se cruzarán con el pícaro Ned Rise: carterista, cantante de taberna, poeta de burdel, saqueador de tumbas y alma atormentada.
Uno busca la gloria en las fuentes del Níger. El otro, sobrevivir una noche más sin que lo maten, lo deporten o lo embalsamen por error. Juntos, en una travesía tan absurda como épica, atravesarán los cenagales de la civilización, desde los muelles infectos de Londres hasta los confines del África interior donde los mapas empiezan a mentir.
Toda una odisea, toda una narración barroca desbordante de literatura (y de humor), que marcó el inicio de la carrera de uno de los más grandes escritores occidentales que tenemos, de todo un clásico vivo: el neoyorquino THOMAS C. BOYLE (1948), autor de 16 novelas y más de 100 cuentos; premiado, leído y admirado, referente de todo escritor postmoderno que se precie: capaz de la mayor precisión posible con una prosa sobria e impresionista, erudita pero no pedante, sensible pero sin caer en la sensiblería...
"MÚSICA ACUÁTICA" es, en verdad, una aventura literaria de primer orden. Una lectura apasionante. Los ecos de Dickens, de Conrad o de García Márquez son oportunos y perceptibles, decía un crítico, pero es que hay algo intangible en la escritura de BOYLE que lo distingue de sus maestros... Es esa sensación de que, cuando has leído uno de sus libros o cuentos, quieres leer más, quieres disfrutar más... Es esa sensación que solo la provocan los grandes libros y los buenos escritores.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz




