Ramiro Blasco
Miembro de la Cofradía del Cristo de los Tambores y Bombos y del Santo Entierro
Me piden que escriba algo sobre la Semana Santa de mi pueblo, Andorra, y lo primero que me viene a la cabeza son los rituales familiares únicos que se repiten año tras año durante estas fechas así como las innumerables amistades forjadas alrededor del tambor y el bombo. Creo personalmente que es lo más valioso que tiene esta fiesta y que me gustaría compartir con vosotros en estas líneas.
Aunque vivir fuera te desconecta de los preparativos y del tan particular ambiente que se respira las semanas previas, las ganas de acudir a las Jornadas Nacionales y disfrutar de la Semana Santa de Andorra junto con familiares y amigos nunca faltan.
En mi caso, la Semana Santa tiene un componente familiar muy importante. La tarde-noche de viernes santo, mi casa se convierte en una especie de camerino de teatro donde túnicas, cintos, cirios y capirotes de la Cofradía del Santo Entierro, preparados para la ocasión, vuelan de habitación en habitación bajo cierto nerviosismo del personal. En este caso la función no es otra que la procesión del Santo Entierro. La llegada a la Iglesia, los comentarios con otros cofrades sobre el discurrir del jueves santo y, sobre todo, el reencuentro con primos, tíos y sobrinos es el ritual que se repite todos los años y que vivo con gran emoción. Finalizada la procesión del Sto. entierro continua la convivencia entre las familias de la cofradía, con cena y análisis de la moviola, para sistemáticamente pasar por parte de los veteranos a relatar, entre risas, las mil y una anécdotas de la cofradía. Nunca defraudan.
Respecto de las amistades, me cuesta imaginar que haya podido hacer tan buenos amig@s de edades y entornos tan diferentes sin haber tenido una pasión común: el tambor y el bombo. A pesar de vernos durante pocos días al año, son amistades entrañables que perduran en el tiempo. Monitores y compañer@s de la escuela de tambores, amig@s de cuadrillas como Los Rebeldes y Los Destensaos, me permiten pasar una Semana Santa rodeado de grandes amistades de las que estoy seguro durarán para toda la vida.
Además de vivirla, disfruto enormemente invitando a amig@s foraster@s para compartir esta pasión por el tambor y enseñar Andorra en, bajo mi punto de vista, el momento más bonito e intenso del año. Observar sus caras viéndose vestidos con la túnica y el tambor o el bombo colgado es cómico y gratificante. Todos se sorprenden de la cantidad de horas que tocamos y de la participación tan diversa que tiene esta celebración y nunca falla por su parte lo de… ¡el año que viene repetimos!
Por lo emotivo del momento no quiero dejar de nombrar a uno de los iconos de nuestra Semana Santa, compañero de tantísimas aventuras tamborileras, mi amigo y compañero Roberto Villanueva (Esparbero), que este año recordaré con especial cariño. No tengo duda de que, de alguna manera, será participe, con todos los que tuvimos el privilegio de conocerle, de los momentos que tanto disfrutábamos juntos estos días.
Aprovecho la oportunidad para desearles una feliz Semana Santa a mis paisanos y... ¡nos vemos en las calles de la Villa!





Muy buen escrito. Mejor no podías haber descrito esa sensación que se respira en estos días en la villa.. Desde hace muchos años que pasé a ser un forastero más de otros tantos q tuvieron que marchar. Pero sin duda algo se queda en el corazón de esa tan peculiar tierra y sus gentes,amigos que pasan a formar parte casi como familia….lamentablemente otro año más no me será posible acudir, pero el sentimiento y la procesión se llevan dentro…. Desde Huesca os deseo que paséis muy buenos días en la. Mejor compañia… FELIZ SEMANA SANTA…