La Torre de Salamanca nunca llegó a desempeñar su función inicial y, aunque para muchos caspolinos y visitantes era denominada como 'El Castillo de Caspe', tampoco fue tal cosa. Su nombre se lo debe al general Manuel de Salamanca, quien inició un proyecto defensivo entre Zaragoza y Mequinenza en el contexto de la Tercera Guerra Carlista, y este año alcanza su 150 aniversario desde su construcción.
La edificación "sorprende a los visitantes que no se esperan encontrar un monumento junto a la avenida Maella", destaca el técnico de la Oficina de Turismo, Rubén Sanz. No solo es llamativa su ubicación, sino también la forma en la que sobresale sobre el entorno natural y urbano. Además, la torre es una de las más representativas de la época en España, al contar con una planta rectangular que, en cada frente, tiene adosado un bastión defensivo; y que, en el centro, cuenta con cuatro pilares de piedra que sostienen su torreón.
El Ayuntamiento restauró la construcción entre 1985 y 1986, y se ha empleado a modo de espacio expositivo durante varios años. En 2024, el equipo de gobierno decidió cambiar la muestra heráldica que se exhibía en sus instalaciones, por una exposición centrada en las torres ópticas del Bajo Aragón Histórico y en la historia de la torre anfitriona.
Sanz apunta que, precisamente, este cambio se impulsó con la mirada puesta en la conmemoración del 150 aniversario de la torre. Por ello, además de las visitas ordinarias que se celebran, la Oficina de Turismo ha organizado dos actividades extraordinarias en este enclave, este domingo, aprovechando el Puente de la Constitución.
La primera será una jornada de puertas abiertas de 10.00 a 12.00 para promocionar el ahora denominado Centro de Interpretación de las Torres Ópticas del Bajo Aragón. Le seguirá la conferencia a cargo del historiador experto en el periodo de las Guerras Carlistas, Javier Cortés, a las 12.30, en la ermita Santa María de Horta, ubicada junto a la torre. Sanz subraya el interés de esta charla, dado que el historiador "es una de las personas que más ha investigado sobre la Torre de Salamanca y el sistema de comunicación en el Bajo Aragón".
Claves del centro de interpretación
La torre como espacio expositivo se ha aprovechado al máximo y se ha organizado el contenido por estancias, divididas entre las dos primeras plantas. En la planta calle, los paneles informativos y las maquetas abordan la historia de la línea de torres ópticas, su ubicación, el contexto histórico en el que se encontraba Caspe en el s. XIX y una línea cronológica que muestra los reyes y generales que se sucedieron en ese momento histórico. De hecho, uno de los elementos estrella que se exhibe es el grabado original de la época del general Salamanca.
Los más pequeños también cuentan con su propio espacio al haber acondicionado aula didáctica para niños. En ella, encontrarán dibujos de la torre que pintar y otros materiales educativos que les permiten acercarse al patrimonio caspolino de una forma diferente y adaptada a su edad.
En la primera planta, por otro lado, la exposición se centra en la historia de la propia Torre de Salamanca y en el aparato óptico que sobresalía de lo alto la misma para enviar mensajes a otras torres. Se ha dispuesto una maqueta de este dispositivo, junto con una explicación de su funcionamiento, para que los visitantes lo manipulen y puedan probar a elaborar algún mensaje.
En la muestra, también se abordan otros temas como los materiales arquitectónicos de la torre, sus funcionalidades, la forma de vida dentro de estas construcciones o las características de la vida cotidiana en el valle del Ebro en el s. XIX.
Todos los elementos del centro de interpretación están diseñados para que el visitante comprenda la historia y las características de las torres ópticas de forma fácil y rápida. Para profundizar en el contenido, se pueden escanear los QR que hay en los paneles informativos.
La tercera y última planta ya da acceso a la parte exterior de la torre, que ofrece una de las mejores panorámicas de la localidad. Su posición, en uno de los extremos del cabezo de Monteagudo, permite que se observe tanto el casco urbano como la extensión del término municipal y el Mar de Aragón.









