Antonio Espinosa, autor del libro 'Retazos caspolinos', fue miembro de la directiva de la E.N.H.E.R. (Empresa Nacional Hidroeléctrica del Ribagorzana). Por ello, conoció de primera mano todo el proyecto de la desviación del cauce del río Guadalope y ha luchado, durante años, por recuperar este elemento fundamental de la vida de Caspe. Además, en el libro habla de todo aquello que pudo ser y no fue, las oportunidades que la localidad perdió y cómo solucionarlo, en cierto modo, en la actualidad.
Entre las páginas de este libro se refleja la historia de Caspe…
Es un libro localista que habla de Caspe fundamentalmente. Pero, las propuestas que se hacen en él y muchos de los temas de los que habla son perfectamente aplicables a cualquier otra ciudad, sobre todo, si es de la España que llamamos vaciada.
¿Cuáles son los principales aspectos en los que se profundiza en el libro?
El problema que teníamos con la desaparición del río Guadalope fue lo que me impulsó a escribir este libro, para que la gente conozca toda la verdad de ese desastre. Por ello, he querido plasmar el largo camino de escollos que hemos vivido hasta llegar a una solución que de momento hemos alcanzado, aunque está pendiente de una segunda fase. Pero, al profundizar en el asunto, me di cuenta de que hay otros muchos aspectos en Caspe que condicionaban su desarrollo. Por tanto, el libro recoge diversos proyectos que funcionaron muy bien, y otros que no tuvieron tanto éxito, algunos que debieron haberse hecho y no se llevaron a cabo, oportunidades que hemos perdido, etc. Al final también se habla de todo el mundo cultural caspolino. Incluso se incluye una retahíla de problemas y soluciones en este aspecto, sobre todo, las claves para que vuelva a ser lo que siempre fue: una gran ciudad.
¿Cómo se plantean esas soluciones?
La pandemia dio la posibilidad a algunos pueblos para hacer cosas que antes eran impensables, como el trabajo online. Sin embargo, para que la gente pueda adoptar esa solución son necesarias muchas cosas. Entre ellas, tenemos que hacer atractivos los pueblos. Cuando viene un funcionario al medio rural parece que venga castigado, pero eso hay que corregirlo. Debe tener alicientes y posibilidades.
¿Cómo se ven reflejados los “desastres” de la historia de Caspe en la actualidad?
Hay cuestiones que debieron aprovecharse y que no se gestionaron suficientemente bien. Cuando yo hablo de oportunidades perdidas para Caspe me refiero a una época en la que el país funcionaba a través de una dictadura, por lo que era más difícil atender estos problemas. Pero yo conozco muy bien el desastre que hizo desaparecer al Guadalope y no me cabe duda de que no se abordaron proyectos aquí junto a la empresa que debía explotar el pantano de Mequinenza simplemente porque no se plantearon. En ese momento, pensaron que en Caspe no nos hacía falta nada. Pero eso fue un error que estamos pagando. Por ejemplo, en la plantilla de E.N.H.E.R. (Empresa Nacional Hidroeléctrica del Ribagorzana), que trajo mil trabajadores a la localidad junto a sus familias. Y así como en otras ciudades se creó una escuela de formación profesional aprovechando ese personal, en Caspe no se hizo. Los agricultores jóvenes tenían que marcharse porque el campo estaba expulsando a gente, dada la industrialización. Todos ellos podrían haberse formado aquí. Este es uno de los muchos problemas que analizo en el libro.
Además, se comenta también el fenómeno social que ha vivido Caspe a lo largo de la historia…
En los años 60 vino mucha población de otras partes de la península, principalmente del sur. Esas personas se asentaron en el municipio y transformaron el comercio caspolino. Esa gente, en su mayoría, se integró en la zona. Sin embargo, con los actuales no ocurre lo mismo. Tenemos que hacer que estas personas se integren, pero lo cierto es que abren sus negocios con coto cerrado, muchas veces dirigido a su propio público. Quizá tengamos algo de culpa los que vivimos así, pero la cuestión es que no se está dando una integración de esas personas.












En Caspe tenemos todo lo que necesitamos, y una población joven que nos va a ayudar a crecer.
Jose, tu estas seguro que vives en Caspe???? A ver si sera Calpe ….
Porque en Caspe de tener todo lo que necesitamos nada de nada, y la gente joven la gran mayoria le toca marchar si quiere un empleo de calidad.
Campo, campo y mas campo, a unas condiciones laborales que casi solo los inmigrantes aceptan y que estan convirtiendo a Caspe en lo que todos vemos al pasear por sus calles.
No se en que Caspe vives tu pero parece que no es el mismo donde vivo yo.
Tambien es verdad que hay gente a la que ya le va bien asi, seguro que les salen las cuentas bien.
me acuerdo que había fábricas .me gustaba el jardín enfrente de la estación.en el centro una estatua con un pez sacando agua.de bajo peces de colores.muchas cosas más pero la tradición desaparecido búnker castillo.nuestros abuelos sentados en los bancos ahora no tienen derecho.