El 20 de octubre de 1911, José González Camó surcó el cielo de Madrid con su aeroplano. Era su sueño y, una vez arriba, dio unas cuantas vueltas por el centro de la ciudad ante la atónita mirada de los viandantes. Desde el suelo, y según recogen las crónicas de prensa del momento, no podían dejar de mirar a aquello que sobrevolaba sus cabezas. Respondieron a la proeza dedicando entusiasmados aplausos.
De esta manera, José González Camó se convirtió en el primer piloto militar en conseguir volar en el cielo de capital y tal hazaña lleva sello caspolino. El piloto nació en Caspe el 15 de julio de 1878 y se formó como militar en la Academia de Caballería pero lo que le llamaba la atención era la aviación, algo muy novedoso a comienzos del pasado siglo XX.
Todos estos datos, y muchos más, fueron recopilados por Amadeo Barceló ya en 2021. Fue poco después cuando recibió un correo electrónico desde Argentina firmado por una de las nietas del protagonista. Su familia sabía que era de Caspe y comenzó a tirar del hilo y llegaron a conectar con el blog de Barceló. "Vimos que en Caspe conocían su existencia y fue una alegría, así que establecimos contacto", dice Antonio González, uno de los nietos que ha viajado a propósito con su esposa e hijos desde Argentina para reencontrarse este sábado con sus raíces. Se ha encontrado con el retrato de su abuelo bien grande plasmado en una pintura en una de las paredes de la localidad que le vio nacer y que también le permitió aprender a volar y comprarse la aeronave.

Tal y como cuenta Barceló, el piloto regresó a Caspe a vender una finca para costearse un curso de aeroplano y comprarse uno, un Deperdussin de 6 metros de longitud y 8,45 de ala a ala capaz de alcanzar los 115 kilómetros por hora. Fue con el que pasó a la historia. "La gente miraba aterrada por ver ese aparato infernal volar sobre sus cabezas", bromea el nieto. Ha ejercido de portavoz de la familia en la inauguración del mural que Caspe le ha dedicado a uno de sus hijos más ilustres con el que se acaba de encontrar y del que se seguirán conociendo más datos. "Tenemos información, fotografías y vamos a seguir intercambiando materiales para seguir conociendo más esta historia", adelanta su nieto.
La historia de Camó terminó con el estallido de la Guerra Civil en España. En 1937 fue detenido y fusilado en 1937 en Palencia por mantenerse fiel al gobierno de la Segunda República. Su familia -su mujer también caspolina y sus hijos- tuvo que poner un océano de por medio y se exilió a Argentina.
"En casa no se hablaba de lo que pasó, tuvimos que ser los nietos los que empezamos a tirar del hilo, porque tan duro lo que sucedió con la Guerra Civil, que nos pasó como a tantas familias que tuvieron que exiliarse y también a las que no, que había silencio por mucho que preguntásemos a nuestros padres", añade el nieto.
El intercambio de información entre descendientes el CECBAC ha desembocado en un primer homenaje en forma de mural. "Hemos cerrado la deuda que teníamos con este caspolino para reconocerlo, pero hemos abierto una amistad con sus descendientes que nos va a aportar más datos. Vamos a seguir hablando de Camó", ha apuntado Barceló. El historiador invita al público que se acerque a verlo en la plaza Besteiro junto a la Biblioteca y el ayuntamiento, a que escaneen el código qr que se ha incorporado en una placa y que enlaza con la web en la que se recoge la historia del piloto.
Por su parte, la alcaldesa de Caspe, Ana Jarque, ha agradecido el desplazamiento de la familia, lo que ensalza más el valor del homenaje; y ha destacado la necesidad de cuidar y apoyar al Centro Estudios Comarcales Bajo Aragón Caspe. "El CECBAC hace una gran labor y nos conecta con nuestra historia. No sabíamos de la existencia de Don José, porque se ha ganado el Don; y de lo que hizo, y mira si fue importante", ha dicho. Invitó a todo el mundo a felicitar la Navidad con la imagen del mural y sentir orgullo de ser caspolino.
Tonos sepias "de la época" y tres imágenes elegidas
El autor del mural es el caspolino José Antonio Pérez Sancho. Se compone de tres pinturas hechas sobre chapas que se han fijado en el muro. En la central, el artista ha recreado una fotografía que se conserva de la época en la que aparece el piloto a pie de suelo junto a otras personas. En otra pintura sale el edificio Metrópoli de Madrid con el aeroplano en el cielo, y la otra pintura la ha dedicado a Caspe y el convento de Santo Domingo. «Resulta que la Gran Vía madrileña se inauguró ese año, y con Santo Domingo quería recordar que fue uno de los hospitales más grandes de Aragón en esa época», explica. "He optado por los colores sepia para ser lo más fiel a 1911 y también darle el tono de nostalgia y recuerdo", ha explicado.













