Casi 30 años de trayectoria han consolidado a Cruz Morcillo como una de las periodistas referentes en la cobertura de sucesos e investigación criminal. Su rigor periodístico y su capacidad para adaptarse a distintos formatos, como radio, televisión o prensa, la han convertido en una de las voces más reconocidas del periodismo especializado. Además, ha recibido la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco y es autora de varios libros. Será una de las ponentes del VIII Curso Nacional de Periodismo Especializado de Alcañiz.
Voy a empezar por un punto en el que convergen dos formatos para una misma historia: La Hermandad, que recogió en un libro y que ahora se está emitiendo también en formato serie podcast.
A mí me gusta mucho esta versatilidad. El periodismo de sucesos, más allá de modas, se presta muy bien a ser escrito, a ser escuchado y a ser visto. Siempre aplicando una perspectiva que creo que es la única posible: el respeto a la investigación, el respeto a la víctima y, por supuesto, el rigor. Todavía soy una gran consumidora de novela negra y es muy difícil que una historia de ficción se acerque a las historias que normalmente ocurren en la realidad o que tenemos que cubrir quienes nos dedicamos a esto.
Además, usted es defensora de que no hace falta complementar estas historias, simplemente contando los hechos ya tienen fuerza suficiente.
Así es. A cualquiera que se acerque al periodismo de sucesos le sobran todos los adornos porque es la vida, es la realidad en su vertiente más cruda, pero esa vertiente también permite un acercamiento a las personas en situaciones límite de su vida. En esas situaciones, todo lo que sea poner pompa y adornos, todo lo que no sea contar las cosas de la forma descarnada en que suelen ocurrir, sobra. La mirada del que cuenta es importante, pero no tiene que estar presente. A mí no me gusta que en el periodismo de sucesos el periodista esté presente, me gusta que no se note, porque nosotros no somos lo importante, lo importante es lo que sucede. Por eso creo que el adorno sobra.
Precisamente en La Hermandad, hablamos de uno de esos crímenes que ponen la piel de gallina: el descuartizador de Majadahonda.
Se emite con sonidos reales: son los sonidos del juicio y los testimonios de todos los protagonistas. Bruno Hernández fue conocido como el descuartizador de Majadahonda. Está condenado por matar a su inquilina y meterla en una trituradora de carne, y también por hacer lo mismo varios años antes con su tía, aunque la fecha exacta de esa muerte no pudo determinarse.A mí me interesaba mucho este caso. Tiene muchos ingredientes, pero lo que más me interesaba era la enfermedad mental. Bruno Hernández estaba diagnosticado de esquizofrenia paranoide, había tenido varios ingresos psiquiátricos y, como tantos pacientes con enfermedades mentales, no tomaba la medicación. Eso explica en parte lo que ocurrió. Aunque en el podcast no se dice que la historia trate sobre enfermedad mental, todo lo que subyace tanto en el libro como en el podcast es la voz de los expertos y la voz de los protagonistas, donde esa enfermedad mental está presente. Cuando hice este trabajo no era un tema tan visible como puede ser ahora, pero es una cuestión que siempre me ha preocupado mucho y que creo que debe preocuparnos a todos.
¿Cómo trabajas los testimonios de las víctimas, precisamente para evitar revictimizarlas pero contar su historia?
Suelo tener bastante suerte. No me suele costar demasiado llegar a las víctimas y que accedan a hablar conmigo. Supongo que el hecho de llevar tantos años dedicándome a esto ayuda, y también cómo afrontas contar estas historias tan duras.Para mí la víctima está siempre en el eje de lo que cuento. La víctima principal, la víctima con mayúsculas, es la persona que sufre el delito, ya sea un crimen, una agresión sexual o el delito que sea. Pero todo su entorno queda marcado y acaba convirtiéndose también en víctima. Ese acercamiento solo lo podemos hacer desde el más profundo respeto. El ansia de contar no puede prevalecer sobre los derechos de esa persona, de la víctima en este caso, ni sobre los derechos de su entorno. Ese hilo es lo más difícil. Es una línea muy fina, muy delgada, que es fácil atravesar e inmiscuirte en cosas que ya no conciernen o que ya no están bien contadas.
Alguien que se está iniciando en la cobertura de sucesos, ¿cómo podría asegurarse de que no cruza ese límite?
Uno aprende de los errores. Yo, sin querer, cometí uno de estos errores: contar más de lo que debía, involuntariamente y sin saber que eso iba a hacer daño años después al entorno de la víctima. Hay un truco que yo aplico y que me sirve. Cuando vas a contar detalles escabrosos, detalles feos o detalles que pueden ser accesorios, piensa que estás hablando de tu madre, de tu hijo, de tu hermana o de tu mejor amigo. ¿Qué te gustaría que al otro lado se escuchara de esas personas a las que quieres? Creo que la gente sin principios y sin una ética importante no debería dedicarse a este tipo de periodismo. Que se dedique a otro es mejor para todos: para quienes nos dedicamos a esto y lo amamos y lo respetamos, y también para la gente que quiere leer, escuchar o ver este tipo de temas.
¿Cómo se gestiona emocionalmente tratar temas tan sensibles?
Tenemos un papel y nunca se va a poder aproximar, ni a kilómetros, al de la víctima. Son temas muy duros yla mochila se va cargando. Cuando haces un tema duro lo pasas mal, tratas de tomar distancia y de que se quede ahí, en un rincón. Hay casos que nunca olvidas, que forman parte de tu vida. Yo me acuerdo de los aniversarios, de las familias, de las madres… Tienes que seguir viviendo y, sobre todo, tienes que seguir trabajando. Confieso que mi mochila está un poquito cargada y a veces pienso que incluso corre el riesgo de desbordarse. Cada uno lo gestiona como puede. Todos los casos no te afectan igual, pero acabas sintiendo el dolor de las familias, su pena y su injusticia cuando se produce. No he logrado que no me afecte. Hay casos que me hacen plantearme el no poder más. Hablo de investigaciones con un seguimiento muy exhaustivo.
Has sido reconocida con la Cruz al Mérito Policial, tienes tu programa Guardia 24-7 en Canal Sur sobre la labor de estos cuerpos y también has sido ganadora del premio Fundación Policía Española por el podcast de True Crime La Peregrina. ¿Cómo es la relación entre una periodista y las fuerzas de seguridad?
La relación es muy estrecha con unos y menos con otros, porque son 29 años dedicándome a lo mismo y, obviamente, hay muchos grados. Pero lo resumiría en que, si no existe una relación de respeto mutuo y de confianza mutua, no cabe otra posibilidad. Cualquier miembro de las fuerzas y cuerpos de seguridad que cuenta una información, que te recibe o que te explica algo tiene muchísimo que perder. Tiene que existir una confianza casi ciega y una lealtad que además debe mantenerse en el tiempo. Yo conservo algunas fuentes desde hace más de veinte años. Han ascendido o se han jubilado, pero eso no significa que la relación se pierda. Ahora todo es más complejo. La tecnología facilita una parte, porque puedes preguntar a una fuente por WhatsApp u otras vías, pero también hace que el contacto personal sea más esporádico. Creo que el contacto personal, mirarse a los ojos y estar cerca de la persona hace que esa relación de confianza fluya mejor. Hay un viejo dicho en sucesos: valemos mucho más por lo que callamos que por lo que contamos. Y eso es rigurosamente cierto.
¿Cuál va a ser la clave principal que quiere transmitir en el Curso de Periodismo de Alcañiz?
Soy una enamorada del periodismo y una enamorada de la profesión. Me enfada muchísimo los agoreros, los que nos insultan y los que nos tratan a patadas. Creo que es un oficio muy digno. Yo lo he vivido y lo vivo como un sacerdocio, con una entrega completa, y aspiro cada día a ser mejor y a contarlo mejor. Eso es lo que me gustaría transmitir a la gente que vaya al curso a escucharme, que será un honor porque me encanta hablar con colegas. Me gustaría transmitirles el amor y el respeto que tenemos que tener por esta profesión y, sobre todo, por quienes contamos sucesos. ¿Cómo contarlo y contarlo bien? Ese es el verdadero periodismo y no es ningún farol. Es lo que sucede. Aquí no hay opinión, no hay color, está lo que ocurre y lo que le ocurre al ser humano en los peores momentos de su vida. Por eso hay que tener el máximo acierto para no ensuciar más y para no sumar más dolor y más pena a quienes ya están sufriendo. Además, voy a compartir ponencia con Antonio Pampliega, que es un lujo porque todo el mundo sabe que estuvo secuestrado y que ha estado en el infierno siendo periodista. Creo que va a ser una charla muy entretenida porque los dos, solo con contar dos o tres anécdotas cada uno, podemos estar hablando durante horas.







