Se cuenta que un día, paseando el rey Felipe III por las orillas del Manzanares vio desternillarse a un joven que estaba leyendo un libro, y comentó: "Aquel estudiante o está fuera de sí, o lee la historia de Don Quijote". Bien, amables lectores, pues hoy en día, ya que han pasado varios siglos, podríamos decir lo mismo pero de otros libros que llevan inevitablemente a desternillarse de risa. No voy a enumerar ninguna lista de ellos, pero sí voy a comentar uno de ellos que, además, es bastante contemporáneo pues se editó en el año 2004. Me refiero a los "DIARIOS DE UN FUMADOR", del dramaturgo, novelista y guionista británico SIMON GRAY (1936-2008); que se ha convertido en toda una obra de culto del humor británico (no hay que olvidar,comenta Andrés Trapiello, que fueron los ingleses quienes primero comprendieron en toda su dimensión el humor del Quijote).
GRAY fue un prolífico dramaturgo, sigue comentando Trapiello, que vio cómo al final de su vida su estrella se eclipsaba, a pesar de que Harold Pinter, su amigo y premio Nobel, le había dirigido nada menos que nueve piezas teatrales y alguna de ellas fue adaptada al cine. Quizás por ello, se dedicó a escribir, si muchas esperanzas, unos cuantos volúmenes autobiográficos. Este que hoy os recomiendo lo empezó al cumplir los 65 años y más que diarios propiamente dichos son unas pequeñas memorias llenas de viejas historias familiares y llenas, sobre todo, de un enorme humor cáustico y gamberro.
Y así, pues, debemos preguntarnos: ¿cómo asume un dramaturgo que llegó a ser de éxito los aspectos más banales de toda existencia, los viajes en coche, las mascotas, los multicines y las películas de Steven Seagal, las visitas al urólogo y las cuentas al descubierto? Pues en el caso de GRAY, con socarronería, sinceridad a raudales y el desparpajo de aquel al que le importa un pimiento el qué dirán. GRAY no tiene un pelo de tonto y carece de rencor. Logra retratarnos tal como somos, pero sin renunciar a la simpatía y a la ironía. Así, es capaz de diseccionar un poema de W.H. Auden con la misma sagacidad con la que juzga a la vecina de la playa que le ha robado la hamaca, o de explicar con la mayor elocuencia por qué las hemorroides auparon a Gary Cooper y arruinaron a Napoleón. El libro es también una confesión en toda regla, en la que también caben las amarguras: las de una infancia marcada por los abusos de sus profesores, las infidelidades paternas o sus propios coqueteos con la delincuencia; y todo ello sin que el lector despinte la sonrisa de su cara en ningún momento, ni siquiera en los más tristes. Y es que bajo sus sarcasmos, sus coñas vitriólicas y su humor negro, en GRAY aflora siempre una mirada piadosa y cervantina para con todos aquellos de los que habla (y para consigo mismo).
Si bien Borges sostenía que a todos nos toca vivir malos tiempos, pocos escritores han sabido despotricar con la maestría de GRAY contra los tiempos actuales, "excepcionalmente necios, desabridos y estúpidos" y ganarse así un lugar de honor entre los maestros del humor británico, (quizás al lado de otro de los grandes y contemporáneo suyo: Lawrence Durrell).
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz




