Va pasando uno tras otro cuidadosamente con la mano. «Este es Sean Connery, aquí tenemos a Paul Newman, a Meryl Streep…». Va presentando a cada personaje que va apareciendo aunque no sea necesario porque sus pinturas hablan por sí solas. «Mira, y este soy yo, nunca me había pintado a mí mismo, pero no acierto a sacarme la curva de la cara, no me termina de salir… Esos mofletes…», ríe.
Son detalles de perfeccionamiento porque está claro que quien asoma en el papel es él. «Tengo muchos retratos, hace dos o tres años tuve una temporada muy productiva», dice Alfredo Larrosa Meseguer. Vive en Zaragoza, pero nació en Mazaleón en 1948, y a su pueblo regresa en cuanto puede y la salud lo permite.

Entre los dibujos aparece su pueblo en diferentes perspectivas, y también paisanos. Son retratos hechos a partir de las fotografías que tomó su primo Antonio Mayo Larrosa en la plaza de Santa Engracia de Zaragoza antes de la salida de la ofrenda de frutos en las fiestas del Pilar. «Participó un grupo de Mazaleón, iban todos muy elegantes con el traje regional y pensé en dibujarlos a partir de las fotos», explica. Salieron unos cuantos que repartió en una de sus visitas.
Mazaleón fue el inicio de todo. También de su primer contacto con las artes, que se dio en el colegio donde incluso probó la tinta china. «Pero se quedó ahí, ya no dibujé más», apunta. El fallecimiento de su madre siendo un adolescente provocó que su padre y él se instalaran en Zaragoza, donde comenzó a trabajar de administrativo en una empresa hasta su jubilación en 2010. Un año después descubrió el Centro de Convivencia para Mayores Francisco de Goya y se le abrió un mundo con la amplia oferta de cursos y decidió dar rienda suelta al arte.

Empezó por la acuarela. Ahora está con el óleo y también ha pasado por dibujo, porque al terminar los tres años de formación en acuarela el grupo se dio cuenta de que no sabían dibujar, algo importante para bocetar antes de pintar. «Solicitamos un profesor y nos lo concedieron. Hemos aprendido muchísimo, estamos muy contentos», admite.
Que ahora haga retratos tan al detalle es fruto de un aprendizaje a fuego lento desde el garabato básico infantil hasta una evolución a figuras, frutas, flores y paisajes. Bodegones y animales también ha pintado unos cuantos. Los tiene en lápices, en sanguina -efecto óxido-, acuarelas y en pastel, que es lo que más le gusta. «Quizá es porque me recuerda a las pinturas de mi niñez pero es una técnica que queda muy bien», explica. Requiere de ir afilando las puntas y de aplicar fijador, pero el resultado lo merece.
Se ha hecho un experto en tipos de papel, gramajes y porosidades, pero todo es importante para el proceso. Aunque cada vez quedan menos tiendas especializadas, la evolución es rápida y hasta hay lienzos en láminas en formato bloc.
Los retratos no son solo para actores de cine clásico. También su familia ha pasado por sus lápices y sus nietas, además, en diferentes edades. Guarda las obras que no ha regalado en carpetas junto al escritorio en el que pinta ante un rostro de ojos claros y amplia sonrisa. Es su mujer a la que tantas veces ha retratado. «Ella es una artista, hace unas labores impresionantes», dice mientras le pide que se acerque al estudio.
Ella se ruboriza con las palabras de su marido pero la admiración es mutua. «A mí me parece una cosa imposible lo que hace él, y no nos lo imaginábamos cuando empezó a ir a clase», sonríe Mª Ascensión García. En la habitación contigua ella guarda unas labores complicadísimas, con adornos florales cargados de colores en su justa mezcla y puntillas bien encajadas. «Nos complementamos los dos», sonríen.








Que pedazo de artista es mi padre!!
Enhorabuena Alfredo! Me has hecho recordar nuestros tiempos por el pueblo. Gracias
Enhorabuena Alfredo! Me has hecho recordar nuestros tiempos por el pueblo. Gracias