Estos alcorisanos tocan, participan en el Drama y son del Nazareno. Su pasión surgió hace 40 años y no ha parado de crecer
El de la familia Hernández de Alcorisa es un caso curioso. Por lo general, la Semana Santa y el toque del tambor son tradiciones que suelen inculcarse de padres a hijos pero en esta casa podría decirse que es casi al revés. La vinculación familiar con esta festividad se remonta a 1979 con el nacimiento de la cofradía del Nazareno. Ramón y Carmen, la primera generación, no eran especialmente «semanasanteros» pero decidieron apuntar a sus hijos, Sergio y Mamen, cuando apenas tenían 5 y 3 años. «Mi padre conocía a los fundadores y nos metió yo creo que por colaborar y para involucrarse con el pueblo», comenta Mamen.
Lo que comenzó siendo casi un favor y una muestra de apoyo entre amigos fue calando poco a poco. «A raíz de salir nosotros en las procesiones le fue picando la curiosidad y se interesó más, hasta el punto que decidió participar desde dentro como costalero», destaca Mamen. No fue algo puntual, ya que Ramón le cogió el gusto y llevó a hombros al Nazareno mientras pudo, durante unos 15 años.
Ramón apuntó a sus hijos al Nazareno para colaborar con la causa e involucrarse con el pueblo. A raíz de esto le fue picando la curiosidad hasta tal punto que fue costalero de la cofradía durante 15 años.
En ese período de tiempo nació Alba, que como sus hermanos pronto se aficionó. Guarda con especial cariño recuerdos de su niñez como las mañanas del Viernes Santo. «Como era pequeña íbamos todos a la Rompida pero yo tenía que volver a casa con mis padres. Mi hermana se iba de fiesta toda la noche y volvía a primera hora de la mañana, almorzaba, y se me llevaba con ella para seguir tocando», rememora con una sonrisa.
Alba es la pequeña de los tres hermanos y tiene la Semana Santa muy arraigada. Forma parte de la junta directiva del Nazareno; organiza los ensayos de los niños en la Escuela de Tambor; pertenece al grupo de tambores y bombos de Alcorisa; y lleva 21 años seguidos actuando en el Drama de la Cruz, los dos últimos como Magdalena. «Me encanta, es muy emocionante. Para mí la Semana Santa sin el Drama no sería nada y viceversa», destaca. Su marido, Daniel, también vive estos días intensamente y se desmarca como la excepción de la familia: mientras todos pertenecen al Nazareno, él es de La Coronación.
Por su parte Mamen, la mediana, está casada y tiene dos hijos, Ainara y Pablo, a los que inculca la Semana Santa desde que tenían un año y salieron en su primera procesión. «Es algo que llevas dentro y lo transmites porque se da como hecho; les pones el tambor y el bombo y a ensayar», cuenta. Y los niños, encantados, especialmente el Domingo de Ramos por las chucherías que les dan después de la exaltación.
Sergio, el mayor de los tres hermanos, se marchó a estudiar a Zaragoza y actualmente vive allí. Además de tocar también salió al Drama con Mamen cuando eran pequeños, pero con su traslado a la capital perdió un poco la vinculación con la Semana Santa de Alcorisa. Sin embargo, la ha retomado tras formar una familia con Olivia, su mujer, y sus hijos, Hugo y Vega. Ha cogido el relevo de su padre y lleva unos cinco años como portante del Nazareno y, pese a que no es especialmente tamborilero, rompe la hora y toca en la procesión del Sábado Santo.
Uno de los momentos más destacados para la familia es la representación del Drama de la Cruz, donde participan Alba, Mamen y Olivia con los niños. Aun así, de la Semana Santa los Hernández se quedan con el Romper la Hora, acto que viven «muy intensamente por la emoción que supone» y en el que siempre intentan estar. También destacan la convivencia y el ambiente inigualable que se genera en Alcorisa tanto en Semana Santa como en los prolegómenos. «Te juntas con gente con la que apenas coincides el resto del año y ahora eres una piña», destaca Alba. Además, tienen cariño a la procesión del Sábado Santo pese a su juventud, porque salen todas las cofradías juntas sin distinción y les permite tocar con amigos, hijos o familiares.
Un recuerdo que jamás se les olvidará es el primer Romper la Hora al que fueron todos juntos, niños incluidos. Mamen se queda con una edición del Drama en la que un amigo de la familia actuó como Cristo. «Siempre lo ves como una obra de teatro, pero al conocer a la persona y ver que lo descuelgan de la cruz, cómo lo envuelven en la sábana blanca... Nunca pensé que me fuera a impactar tanto», comenta. Además, Alba destaca el primer año que se hizo el Silencio de Tambores por ser algo nuevo para todos. Desde entonces le tiene especial afecto. «Para mí, ahora es casi uno de los momentos más importantes de la Semana Santa. Es como una despedida total y me emociona mucho», cuenta.
Cabe destacar que hasta hace poco la casa de Carmen, la madre de familia, era la sede oficial durante la Semana Santa. De joven le hubiera gustado tocar el bombo, pero en aquellos tiempos la Semana Santa parecía acotada a hombres y niños. Le ofrecieron velas u otros elementos para procesionar pero se negó y siempre decía que, si salía, sería con bombo. Durante años se encargó de ese trabajo invisible pero tan necesario del planchado, lavado y preparado de túnicas, además de la cocina mientras el resto de la familia estaba en la calle. «Plantaba un colgador tipo tienda y cada uno cogía lo suyo. Ahora con los niños cada uno lleva las cosas a su casa y se organiza. La hemos dejado descansar, se lo merece», destaca Mamen.




