De niño, la «ilusión» de Juan Sorolla ya era ser portador del paso de la Dolorosa. Lo consiguió de joven cuando sustituyó su tío, Herminio Andreu, quien tuvo que dejar de portar a la Virgen por problemas de rodilla. «Me daba igual si me hubieran ofrecido otro paso. Yo quería ese o ninguno», destaca el valderrobrense.
Así fue y portó a la Virgen durante muchos años el Viernes Santo en la procesión del Santo Entierro hasta el año 2016, cuando tuvo que dejarlo por cuestiones laborales.
Juan es el aguacil de Valderrobres así que desde hace una década sigue participando en la Semana Santa pero de otra forma: vestido de paisano y con labores organizativas propias de su puesto estos días como cortando calles y colocando vallas, entre otros.
Los que sí que procesionan en la familia son su mujer, Gema Parra; y sus dos hijos, Arturo, de 11 años; y Luis, de seis, quienes cogen los palillos «desde que tienen uso de razón». «A Arturo a los tres años ya le compramos el tambor. Empezó con este instrumento y después se pasó al bombo, y su hermano Luis ha hecho lo mismo, este año ha cogido la maza. Los dos aprenden en la Escuela del Tambor, acuden muy contentos», precisa su madre.
Gema es de Alcañiz y lleva tocando el tambor desde los 15 años. Participa en la Semana Santa valderrobrense desde los 23 años, cuando comenzó con su pareja. En su localidad natal procesionaba tanto en el Nazareno como en las del Viernes y el Sábado Santo (el Pregón y el Santo Entierro, respectivamente); y enseguida se adentró en la tradición valderrobrense, en la que participa activamente procesionando y tocando el tambor.
«La Semana Santa de Valderrobres es sentimiento, respeto y tradición; e integra mucho a todos los que quieren colaborar. Me llamó mucho la atención cuando la viví por primera vez el gran trabajo, dedicación y compromiso que tienen por sus tradiciones», destaca.
Forma parte de la cofradía del Santo Entierro y desde hace poco más de un año es miembro de su junta, con lo que colabora en la organización junto a sus compañeros. Procesiona el Miércoles y el Viernes Santo junto a sus hijos. En la primera, la del Vía Crucis, los niños procesionan a cara descubierta y en la del Santo Entierro la excepción es que Luis, al ser pequeño, no puede tocar y sale con un estandarte (comienzan a partir del año de la primera comunión).
Al procesionar en Valderrobres, Gema solo tiene libre el sábado para salir en Alcañiz al Santo Entierro. Lo hace algún año pero, por trabajo, «no tanto como le gustaría». Arturo le acompañó en una ocasión pero Luis aún «lo tiene pendiente».
Tanto Juan como Gema destacan la gran colaboración de los valderrobrenses para mantener viva y en crecimiento la Semana Santa, en la que se involucra un gran número de vecinos. «Participan desde niños pequeños a gente más mayor que solo esperan su procesión para salir. Conozco a un hombre de más de 60 años que su ilusión es que llegue el Viernes Santo y sacar el Sepulcro y así mucha gente», destaca Juan.
Gema también pone el foco en las facilidades que se ofrecen para que quien quiera iniciarse en la tradición no tenga que realizar un gran desembolso económico antes de saber si le va a gustar o no, lo que fomenta la participación y que los números de la cofradía del Santo Entierro no paren de crecer.
La Escuela del Tambor deja tambores, bombos y túnicas a sus alumnos para que se inicien en las procesiones. «Esto permite que haya más gente que se apunte y que se decida a probar, porque el dinero no es un problema. Cuando eres adulto la túnica es la misma pero los niños crecen y hay que renovarla a menudo. Estamos muy bien organizados para que la Semana Santa vaya a más», destaca Gema.









