Creo, fieles lectores, que no hay mejor forma de terminar este año que agoniza que la de recomendaros la lectura de un libro de "uno de los nuestros". Un autor que, sin duda, viene a aumentar el elenco de los grandes escritores que han pisado esta nuestra tierra. Y que además, y de seguro, va a hacer que disfrutéis de la lectura como hacía tiempo que no lo hacíais.
ANTÓN CASTRO (1959), gallego de nacimiento y aragonés de corazón, es uno de esos escritores -ya quedan muy pocos- que todo lo que toca lo convierte en buena literatura: periodista, poeta, narrador, ensayista… Borges dijo sobre Quevedo que no era un literato sino una literatura; y ahora mismo no se me ocurre otro escritor que Antón del que se pueda decir lo mismo.
Sin embargo, de toda su ya extensa obra -toda ella sin desperdicio, os lo aseguro-, lo que más me sigue asombrando y con más placer leo son sus libros de relatos. Para mí es un auténtico maestro en este género, y con muchos de ellos he disfrutado lo mismo que con los grandes: Lugones, Borges, Cortázar, Perucho y, cómo no, Cunqueiro, aquel gallego genial que ha dejado su mejor poso en nuestro Antón Castor.
Bueno, y todo este preámbulo laudatorio -razones hay para ello- viene porque Prensas de la Universidad de Zaragoza ha vuelto a editar el que para mí es uno de sus mejores libros: "LOS SERES IMPOSIBLES" (editado por Destino en 1998 y ya inencontrable). Un cúmulo de deliciosos cuentos que transcurren en el campo, en ríos y pantanos, en aldeas rurales, en sendas del trasmundo…, poblados por animales fantásticos (casi podríamos denominarlo un bestiario), seres mitológicos o de ensueños, fantasmas, brujas…, y otros seres imposibles que aturden la razón. Por haber, hasta hay un cocodrilo en el Canal Imperial, y un siluro gigante que danza bajo la luna en el pantano de Maidevera, y un perro negro y gigantesco que acecha en las calles de Calaceite…
Todo un festín literario de una portentosa imaginación y una prosa clara, sencilla y poética al cual estáis invitados y del cual es imposible que salgáis defraudados.
Por destacar, me inclino, como ya lo hiciera Fernando Iwasaki, por el relato: "La bruja de Trasmoz"; y siguiendo sus palabras: "…una portentosa joya narrativa. Uno de los mejores cuentos de la narrativa breve española de todos los tiempos".
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz




