Vine a Motos porque me dijeron que acá vivía un solo habitante, un tal Matías. Vine a buscar la zona cero de la despoblación, el punto justo donde el tumor de la soledad se transmuta en metástasis extrema de la desolación. Vine un domingo a mediodía buscando a un pastor soltero llamado Matías. Pero no hallé más que silencio y soledad».
Bueno, pues así empieza este bellísimo y estremecedor libro que es, en definitiva, un viaje literario y de denuncia por 2.500 kilómetros de España. Una España que esconde en su interior un área única por el elevadísimo grado de despoblación que la azota. La llamada Laponia del sur o Serranía Celtibérica: un territorio montañoso y frío con 1.355 pueblos que se extiende por diez provincias (Teruel, Guadalajara, Cuenca, etc…). Una zona biológicamente muerta y condenada a su inmediata extinción. Un etnocidio silencioso. El territorio más desestructurado de Europa. El vacío.
Después estremece el contexto. Si el distrito hongkonés de Mongkok acumula 130.000 habitante por km. cuadrado, Manila acaricia los 43.000, Barcelona rebasa los 15.000 y el conjunto de España conserva una media de 92 humanos por km. cuadrado, este vastísimo territorio que dobla en superficie a Bélgica y triplica a Eslovenia, esta tierra donde el silencio cabalga montañas y las voces infantiles quedaron afónicas el siglo pasado tiene una densidad media de solo 7,34 habitantes por km. cuadrado. Casi igual que la gélida y boreal Laponia. Menos de ocho personas por cada 140 campos de fútbol.
El libro «LOS ULTIMOS», escrito por el periodista PACO CERDA, narra, pues, un periplo invernal por este territorio en busca de las palabras y los silencios de esta España carcomida por un fenómeno bautizado como demotanasia: la desaparición lenta y silenciosa de la población y su cultura. Esta crónica de largo aliento relata la vida de los otros, los que se quedaron descolgados de un país urbanizado a gran velocidad que ha olvidado sus orígenes rurales. Y tambiém reflexiona acerca de la soledad, la capacidad de resistencia y el compromiso con una tierra y una cultura, con una forma de vida que agota sus últimas bocanadas ante la pasividad institucional: «En el sistema imperante -nos dice el autor-, el del capitalismo feroz, el que no consume está muerto; el que no produce está muerto; y el que ni consume ni produce, y además genera gasto, está triplemente muerto. Aunque haya muertos que se resistan a ser enterrados antes de hora».
En verdad, creo que es uno de los libros más interesantes que se han escrito de nuestro territorio, y uno de los más bellos. El escritor Julio Llamazares ha dicho de él: «Hay libros que a uno le gustaría haber escrito y este es uno de ellos. LOS ULTIMOS es un viaje al corazón de las tinieblas, solo que a las tinieblas del corazón de España». Pue eso.




