La población inmigrante en Caspe ha crecido cerca de un 8% en la última década, alcanzando casi el 28% de la población, siendo la que más residentes extranjeros tiene de Aragón. Su incremento se relaciona con la oferta de empleo en torno al campo, especialmente durante la temporada de la fruta, que ha ido fijando a nuevos pobladores y a sus familias. Estos datos se conocieron en las jornadas organizadas por el Centro de Estudios Comarcales de Caspe y Comarca (Cecbac), el pasado jueves y viernes en la Casa de Cultura.
La primera cita se centró en el II Plan de Convivencia Intercultural Comarcal. La charla estuvo impartida por Jesús Sancho, trabajador social en Comarca y miembro de este proyecto; y Mª Soledad Zaforas, trabajadora social en Cáritas y también integrante del plan comarcal. Ambos incidieron en la importancia de contar con esta herramienta para fomentar la convivencia.
El plan comenzó su andadura en 2018 con un diagnóstico claro: la población oscilaba entre la hostilidad y la coexistencia. Las líneas de trabajo se definieron en torno a campañas de comunicación, actos conmemorativos, guías para el tratamiento de la diversidad cultural o la prestación de servicios como el de mediación intercultural. Casi siete años después y con una población inmigrante mayor, el diagnóstico refleja resultados similares y deja la convivencia como una tarea pendiente de los comarcanos. Sancho valoró que no se sabe si se está «lejos» de alcanzar la convivencia, pero aseguró que «es un trabajo diario de todos».
Casi 60 nacionalidades
No solo el porcentaje de población extranjera es elevado, sino que el número de nacionalidades presentes en el territorio también lo es, con casi 60. La comunidad mayoritaria es la de origen marroquí, seguida de la paquistaní, la rumana, la inglesa y la senegalesa. «Hace unos años, en realidad, había más personas de origen rumano que paquistaní, pero creemos que la reagrupación familiar ha cambiado esto», apuntó Sancho.
El Plan de Convivencia abarca todo el año y se enfoca, sobre todo, a la población que se asienta, pero también tiene en cuenta la campaña agrícola. La Comarca implementa diversas medidas como los puntos de acogida, en los que orienta a los trabajadores que llegan al territorio.
Comprender la historia
Tras esta primera charla en la que los asistentes se quedaron con una imagen actual de la situación en la comarca, quedaba una segunda ponencia que se remontó atrás en la historia, concretamente, hasta el siglo XV. El historiador, Adrián Gavín, compartió las claves históricas de las migraciones en el Bajo Aragón-Caspe desde el 1400 hasta 1925. En su exposición, destacó que la mayoría de estas migraciones eran nacionales, ya que no existían los mismos medios de transporte que ahora. Como curiosidad, apuntó Gavín, con relación a los movimientos internacionales, Maella atrajo a bastantes franceses que huían por cuestiones de religión, en el siglo XVII.
Además de ofrecer algunos datos, el historiador también explicó al público cómo se rastrea la información para elaborar informes demográficos de las poblaciones. En la comarca, el más complejo de realizar es el de Caspe, ya que no quedan restos de los ‘quinque libri’, un conjunto de cinco libros sacramentales que registran los bautismos, matrimonios, defunciones, confirmaciones y excomulgaciones.
Un proyecto personal
Esta barrera se ha convertido en su inspiración porque el caspolino está trabajando en un proyecto personal para reconstruir los libros parroquiales caspolinos. «Llevo entre un 10 y 20 % con 7.000 bautismos, 2.000 matrimonios, 1.000 defunciones y 53.000 registros de caspolinos», señaló. Gavín espera poder recuperar hasta el 40 % de estos libros, algo para lo que, calcula, le quedan 20 o 30 años de trabajo por delante.
En la charla también abordó el denominado proceso de aculturación, que hace referencia a la combinación que resulta de la llegada de población extranjera a un lugar. «La cultura en Caspe va a cambiar de aquí a un tiempo, al igual que ocurrió con la llegada de los romanos a la península. No se impone una cultura sobre otra, sino que se da un proceso de aculturación que incorpora aspectos de ambas», apuntó. Un ejemplo de ello, añadió, son los apellidos de origen francés que se han españolizado o los vascones como Albiac o Cirac, muy comunes en Caspe. «Igual que hoy llega gente de fuera, nuestros ancestros también llegaron de otras partes», concluyó.








Información muy interesante… También sería de interés que el Ayuntamiento actualizara sus datos del padrón, ya que los que aparecen en la web son del 30 de Enero de 2016: 10.087 habitantes, el 23,89 % extranjeros y 57 nacionalidades. Es de suponer que tanto el INE como el propio ente local deben tener cifras mas recientes y que su puesta al día en la web municipal, sería algo fácil de cambiar.
Vamos a ver, en estos datos, no se tiene en cuenta, la gente de Caspe, que se ha ido. Gente joven con estudios, la mayoría, el futuro de los pueblos.
Por lo tanto, el %, ha aumentado más de lo que dicen.
Y mas que aumentara, tiempo al tiempo
Mientras los españoles no queramos trabajar en el sector primario, ya me diras que solucion ponemos encima de la mesa. Id a Paris, Bruselas, Amsterdam, barrios enteros de inmigrantes y gran parte trabajando en aquello que los Europeos no queremos trabajar aun estando en el paro, y no digamos nada sobre la natalidad de los españoles. Por cierto, que es un español, una persona nacida en España o una persona mezcla de Fenicios, Iberos, Romanos, Visigodos y Musulmanes entre otros. Mi maxima es, el que venga a trabajar bienvenido y si comete desmanes a su casa. No nos equivoquemos, los Europeos nos hemos vuelto unos señoritos.