La zona de Caspe y su Comarca Bajo Aragón-Caspe/Baix Aragó-Casp ha iniciado una campaña frutícola totalmente distinta a lo habitual: en pleno estado de alarma y con una incertidumbre palpable instalada en cada uno de los agentes implicados. Más de 3.000 temporeros acudirán masivamente al territorio (especialmente durante los meses de más trabajo: mayo y junio), los cuales llegarán a firmar hasta 7.000 contratos.
El clima, algo a lo que los agricultores estaban especialmente atentos durante cada campaña frutícola en años anteriores, ahora parece estar en un segundo plano. La falta de mano de obra y las exigentes normas de protección y seguridad han convertido este periodo en un auténtico quebradero de cabeza para el primer sector, el cual es la base económica de la zona.
«Estamos muy preocupados, es evidente que va a ser muy complicada la campaña de este año, para ello vamos a tener que hacer todos esfuerzos extra», explica el presidente de la Comarca del Bajo Aragón-Caspe, Joaquín Llop. «Hemos tenido muchas reuniones con todos los agentes implicados para marcar unas pautas de actuación y concretar los problemas a los que nos vamos a enfrentar y las situaciones que pueden aparecer en los próximos meses».
Además de la ya habitual mesa de campaña convocada por el Ayuntamiento de Caspe, en la que participan la concejal y técnicos de Servicios Sociales, fuerzas del orden, representantes del centro de salud, INAEM, Fundación Cruz Blanca, pequeños y medianos empresarios y sindicatos, este año también se ha creado la Unidad de Coordinación Comarcal con el objetivo de concretar estrategias para los problemas que puedan surgir durante este periodo de gran actividad.
«Nuestra principal preocupación a día de hoy es el transporte de los temporeros, ya que como cada año, la gran mayoría viene de fuera», explica la responsable de coordinación del proyecto de acogida de temporeros en campaña agrícola, Ana Mosteo. El 90% de los temporeros que trabajan en la campaña en esta zona pertenecen a otras comunidades autónomas y son extranjeros. «Un gran volúmen venía de otro país a través de contingentes, algo que este año no se podrá hacer, veremos cómo se van a organizar entonces los empresarios del campo».
Lo interesante de toda esta situación, según Mosteo, es que se van a ver nuevos perfiles de trabajadores en el campo, más nacionales, y probablemente sin experiencia previa. Algo que también puede ser negativo para fincas y cooperativas, ya que este tipo de empleados ralentiza la producción, y por lo tanto, aumenta los costes.
Por ejemplo, en la cooperativa frutícola Compromiso de Caspe , se llegaba a los 2.000 kilos de fruta recogidos a la hora, sin embargo, con trabajadores novatos podría bajar a los 500. A este problema se unirá el hecho de que en las cadenas de producción habrá menos personal para cumplir con la distancia de seguridad (se pasará a la mitad de personas en una misma cinta, que estaban separadas por un metro y ahora deben estar a dos como mínimo). A todos estos trastornos se une la problemática del transporte hacia las distintas explotaciones agrícolas.
Solo en esta cooperativa, se llegan a recoger durante la campaña un total de 5 millones de kilos de fruta (por orden de cantidad: melocotón, cereza, paraguayo, ciruela, nectarina, albaricoque y pera). «Superaremos esta campaña como hemos hecho siempre, de momento tenemos el personal suficiente para trabajar, que es de la zona, pero nos preocupa el mes de mayo y junio, cuando más actividad tenemos, porque ahí era cuando venía la gente de fuera», explica el presidente, Luis Ros. Actualmente están trabajando en la cooperativa alrededor de 50 personas, pero en un mes se necesitará el doble de plantilla.
Temporeros extranjeros
Muchos de los temporeros que acudían a trabajar en cooperativas y fincas de Caspe hasta ahora venían del extranjero. Trabajadores muy experimentados que acudían a España para enlazar una campaña con otra, hasta acabar recogiendo la naranja en Valencia. Principalmente provienen de países como Marruecos, Argelia y Rumanía.
De este último país acudían mujeres en grupo que estaban acostumbradas a trabajar en cadena de manera muy rápida y efectiva. «Parece ser que a estos últimos grupos los vamos a perder porque tenemos las fronteras cerradas, sería necesario abrir la normativa para casos excepcionales como el nuestro, como hacen en otros países», asegura Ros.
Eso es exactamente lo que están pidiendo organizaciones agrarias y las cooperativas, que reclaman que sería necesario para enfrentar la campaña seguir la estela de otros países europeos como Alemania o Francia en los que los gobiernos permiten que se fleten vuelos directos en origen y se realicen pruebas diagnósticas a los temporeros tanto a la salida de su lugar de origen como a la llegada.
A todo lo anterior se suma para los empresarios la necesidad de cumplir escrupulosamente la normativa vigente para proteger a la población de la propagación del Covid-19. Todos los temporeros deberán ir correctamente vestidos, protegidos con guantes, pantallas y mascarillas, y mantener la distancia de seguridad durante su jornada laboral y el traslado.
Además de que las empresas van a ser las encargadas de proveer a sus trabajadores de todo el material de protección, desde Servicios Sociales se ha ideado un «kit para temporeros» que se dará a todos los que se acerquen a las oficinas de la plaza Aragón, que incluirán guantes, una mascarilla, gel hidroalcoholico, desodorante, pañuelos de papel, jabón, papel wc y una toalla. Además, se ha cambiado la ubicación del lugar de duchas y del reparto de alimentos al pabellón municipal de Caspe para una mejor coordinación y protección de los temporeros.
Llamamiento a nuevos trabajadores
Desde el sector primario de la zona de Caspe y las instituciones públicas se ha hecho un llamamiento a la población para que trabaje en el campo en la presente campaña con el objetivo de paliar esa falta de mano de obra.
«Hay un alto índice de paro en nuestra Comarca y nos parece interesante que la gente apueste por el sector primario, por el campo, especialmente nuestros jóvenes», opina la coordinadora de Servicios Sociales, Elisa Rebled. «Con el decreto aprobado el pasado 15 abril hay muchas facilidades para trabajar en las condiciones en las que vivimos actualmente».
«Lo ideal sería que los trabajadores que se necesitan los próximos meses para el campo sean de nuestra zona, porque ya cumplen la normativa y cuentan con un alojamiento», explica Rebled. La preocupación hacia las infraviviendas y los hacinamientos es algo que ya se acarrea de años anteriores, pero que todavía es más grave en un momento de crisis sanitaria como el que se está viviendo.
«Será complicado controlar estos alojamientos por parte de policía y guardia civil porque son muchos, están muy repartidos, y además deben hacerse cargo de otras labores de vigilancia en el momento de crisis que estamos viviendo», apunta Ana Mosteo.
Otro papel esencial lo va a llevar a cabo el sector sanitario, que deberá velar por la salud de los temporeros. Se les hará reconocimientos periódicamente y ya hay preparado un protocolo de actuación por si alguno de ellos resulta infectado.
«Una de las principales preocupaciones de los agentes que estamos coordinando la campaña es que llegue un caso de coronavirus entre los trabajadores, no hay una normativa clara y concreta sobre cómo proceder, ya hemos reclamado desde Comarca que se haga cuanto antes», comenta la coordinadora de Servicios Sociales. «Lo importante es que nos estamos coordinando, hay muchas ganas de colaborar y de que esto salga adelante».







