La corona solar es la capa más externa de la atmósfera del Sol. Aunque rodea a nuestra estrella de manera constante, en el día a día es completamente invisible a simple vista debido a que la fotosfera (la superficie brillante del Sol) emite una luz un millón de veces más intensa. De hecho, el brillo del cielo diurno la borra por completo de tal forma que, mientras quede visible tan solo el 0.1% de la fotosfera, la corona continuará siendo imperceptible para nosotros.
Solo la Luna, al interponerse con precisión entre la Tierra y el Sol, logra apagar este inmenso foco y permite que la corona se revele de forma natural como un halo blanco perlado en el cielo.
Anatomía de la atmósfera solar
Para comprender la corona, es interesante analizar la estructura exterior de la atmósfera solar de dentro hacia fuera. Inmediatamente por encima de la fotosfera se encuentra la cromosfera, una fina capa de unos miles de kilómetros de espesor que brilla con un color rojo rosado característico debido a la emisión de hidrógeno. Esta capa solo se deja ver durante unos breves segundos al comenzar y al terminar la totalidad del eclipse, apareciendo como un arco encendido pegado al borde de la Luna.
Suspendidas sobre el limbo solar flotan las prominencias, que son grandes lazos de plasma sostenidos por el campo magnético del Sol. Estas prominencias se aprecian a simple vista como llamas de un rosa intenso en el contorno del disco negro, y su tamaño real es tan gigantesco que muchas de ellas superan varias veces el diámetro de la Tierra.
Finalmente, envolviéndolo todo se extiende la corona solar, compuesta de un plasma sumamente rarificado. Su forma geométrica no es estática, sino que cambia dinámicamente según el ciclo de actividad solar. Este año se prevé que en los próximos eclipses se observe una corona sumamente exuberante.
Por qué la atmósfera del Sol es más caliente que su superficie
La corona alberga uno de los misterios más fascinantes de la física solar. Mientras que la fotosfera o superficie del Sol se encuentra a una temperatura de aproximadamente 5,500 °C, la corona exterior alcanza temperaturas extremas de millones de grados Celsius o Kelvin. Esta distribución térmica desafía la intuición física básica: la temperatura del Sol aumenta drásticamente a medida que nos distanciamos de su fotosfera hacia la atmósfera exterior.
Para intentar resolver este enigma, misiones de la NASA como el satélite IRIS han aportado pistas clave, detectando paquetes de material muy caliente denominados `bombas de calor´ que viajan desde el Sol hacia la corona, donde explotan y liberan inmensas cantidades de energía. Sin embargo, la comunidad científica considera que esta es solo una de las múltiples formas de calentamiento coronal. Estas temperaturas tan elevadas provocan que las partículas cargadas de la corona se muevan a velocidades tan extremas que logran escapar de la fuerza de gravedad de la estrella, dando origen al viento solar que recorre todo nuestro sistema planetario.
Cómo, cuándo y de qué forma ver la corona en un eclipse
La oportunidad de presenciar la corona solar de forma segura requiere seguir rigurosamente las etapas de un eclipse solar total:
Fase parcial
El eclipse inicia con una pequeña `mordida´ de la sombra de la Luna sobre el disco solar que va creciendo progresivamente. Durante toda esta fase, nunca se debe observar el Sol de forma directa o sin protección certificada. Incluso si el 99% del Sol está oculto, la radiación del 1% restante es lo suficientemente intensa como para quemar la retina de forma instantánea y sin causar dolor. Es indispensable utilizar gafas de eclipse que cumplan estrictamente con la norma ISO 12312-2.
El anillo de diamantes y las perlas de Baily
Segundos antes de la ocultación total, la parcialidad llega a su fin. Aparecerá primero el efecto del `anillo de diamantes´, un destello final de luz directa concentrado en un punto. Posteriormente, se forman las `perlas de Baily´, una cadena de pequeñas cuentas brillantes de luz solar que se filtran a través de los valles, cráteres y montañas del relieve en el borde del disco de la Luna.
La totalidad
Cuando la fotosfera queda absolutamente oculta, se produce un descenso repentino de la temperatura y la luminosidad diurna disminuye bruscamente en segundos, adquiriendo el aspecto de un atardecer tardío. Las estrellas más brillantes se hacen visibles en el cielo y emerge el halo de la corona solar.
Únicamente durante este breve lapso de totalidad absoluta es completamente seguro retirar las gafas protectoras y contemplar la corona a simple vista. En el momento en que la Luna comience a desplazarse y descubra el primer destello solar, se debe volver a usar la protección homologada inmediatamente.
Tecnología y observación en el estudio de la corona solar
Durante siglos, los eclipses totales de Sol constituyeron la única vía para estudiar la corona solar, obligando a los astrónomos a depender de unos pocos minutos acumulados de oscuridad a lo largo de décadas para avanzar en sus descubrimientos. Un hito histórico de esta metodología fue la expedición de 1919 de Eddington y Crommelin, cuyas placas de vidrio de la corona solar procesadas han pasado a la historia de la ciencia.
Hoy en día, la investigación científica se apoya en tecnologías sin precedentes. Sondas espaciales como la Parker Solar Probe de la NASA vuelan directamente a través del plasma coronal para medir in situ sus propiedades. Paralelamente, los científicos emplean ordenadores alimentados con datos de satélites como el SDO de la NASA y el Solar Orbiter de la ESA, junto con redes terrestres de observación. Estas simulaciones numéricas permiten predecir la forma exacta de la corona antes del evento, ayudando a los astrofísicos a validar modelos de balance térmico y mejorar las alertas de tormentas solares que afectan a nuestras telecomunicaciones.
Oportunidades para la fotografía
La observación de eclipses también ofrece una oportunidad inigualable para los entusiastas de la astrofotografía y la divulgación. Por ejemplo, en el histórico eclipse solar total que cruzará España el 12 de agosto de 2026 de oeste a este, la fase de totalidad ocurrirá a última hora de la tarde, muy cerca del atardecer.
Esto significa que el Sol eclipsado se encontrará sumamente bajo en el horizonte. Esta particularidad geométrica permitirá retratar la corona solar y su halo perlado no en el cenit, sino suspendidos justo encima de la línea del horizonte, integrados con los relieves del paisaje terrestre, las cordilleras montañosas o el propio mar, creando composiciones fotográficas memorables y muy poco habituales en la astronomía de eclipses.




