La ilusión por vivir una nueva experiencia, las ganas de descubrir una ciudad desde cero y la emoción por conocer a nuevos amigos y compañeros se han truncado por una simple razón: no hay alojamiento en el que quedarse a vivir. Es el caso del caspolino Rubén Camón, estudiante de la Ingeniería Agrónoma en el Campus de Huesca de la Universidad de Zaragoza.
Camón solicitó realizar este curso en Turín a través del programa Erasmus + para estudiantes universitarios. Después de vivir «el dolor de cabeza que supone todo el papeleo» que hay que llevar a cabo, se ha visto obligado a cancelar su estancia en el país italiano porque no encuentra dónde quedarse a vivir en los próximos meses. Esta misma situación la han vivido dos de sus compañeros de clase en Huesca que iban a vivir la experiencia junto al caspolino. Pero la cuestión no queda en este grupo de amigos, dado que decenas de estudiantes españoles se han quedado sin residencia ni alojamiento en el norte del país vecino.
Desde junio, los tres amigos comenzaron a buscar pisos en Turín. Sin embargo, «pensamos que no había casi anuncios de alojamientos por que era pronto y creímos que en septiembre, con el inicio del curso, habría más oferta». Así que, ante la desesperada situación de no encontrar casa, decidieron emprender un viaje de cuatro días para recorrer las inmobiliarias de manera presencial. Una vez allí, el problema fue doble: «Los italianos, por lo general, no hablan español ni inglés, por lo que nos fue difícil comunicarnos, pero además, confirmamos que no había nada adecuado».
Pisos con precios desorbitados o estancias extremadamente pequeñas para las personas que se ofrecían es lo que se encontró el caspolino al visitar los apartamentos en alquiler en Turín. «Encontramos un piso para tres personas por el que nos pedían 1.600 euros y la mayoría no bajaban de esa cifra más o menos», recuerda Camón del amplio recorrido que hicieron por la ciudad. Además, el caspolino explica que esta situación es caótica: «En menos de 24 horas se reservan los pisos que van apareciendo libres, la gente se está volviendo loca por conseguir uno».
Del paseo por las inmobiliarias, Camón recuerda especialmente la respuesta negativa de los trabajadores en cuanto se les preguntaba por un piso de alquiler. «Nos trataron muy bien, en ningún momento sentimos que no nos los ofrecían por ser estudiantes o por ser españoles, pero es verdad que inmediatamente nos reconocían que no tenían ningún apartamento libre para alquilar».
«Estoy bastante decepcionado porque ya tenía en mente irme a Italia un año», explica Rubén Camón con resignación. Al mismo tiempo, recuerda que al retomar sus estudios en Huesca, como ha hecho en los últimos años, tras este cambio de planes repentino, se encuentra a finales de septiembre sin piso tampoco en la capital oscense. Por tanto, la búsqueda incansable que inició en su momento en Turín, ahora continua en la ciudad aragonesa.
Ante este planteamiento, Rubén Camón no descarta intentar de nuevo vivir «esta experiencia que dicen que vale mucho la pena y que no se olvida». La cultura italiana y la similitud de este país con España fueron los principales motivos que atrajeron al caspolino a ponerse manos a la obra con el viaje. No obstante, «tengo que pensar si volveré a pedir un destino Erasmus porque con toda esta problemática se me han quitado un poco las ganas».
Una vez ya ha asumido que, al menos este año, no va a poder ser, espera "que las universidades informen bien y ayuden en estos aspectos para que otros estudiantes no tengan que pasar por lo que he vivido yo», lamenta Camón. Además, añade que en general en la preparación de toda la documentación ha encontrado «pocas facilidades».







