En el año 1962, ÁNGEL VÁZQUEZ (1929-1980), escritor apenas conocido: autodidacta, políglota, homosexual, alcohólico, drogadicto y cleptómano, ganó inesperadamente el premio Planeta -claro que entonces eran otros tiempos, pues dicho premio, en verdad, se ganaba-, con una extraña y excelente novela: "SE ENCIENDE Y SE APAGA UNA LUZ", iniciando una carrera literaria que fue como un fogonazo que iluminó la narrativa española de aquel tiempo, pero demasiado breve.
Desde entonces, su nombre ha caído en el olvido más absoluto; y eso, a pesar de ser ahora considerado como uno de los novelistas más originales e inclasificables del pasado siglo. Su recuerdo ha quedado más marcado, quizás, por ser el último escritor maldito que por su excepcional obra literaria.
La novela que hoy os apuro a que leáis -primera que escribió-, fue admirada y reconocida por escritores como Paul y Jane Bowles, Juan Goytisolo, Carmen Laforet (muchos puntos en común unen esta obra con su "Nada") o Alejo Carpentier, entre otros, y anticipa y contiene ya los ingredientes de su obra maestra: "La vida perra de Juanita Narboni". En ella se recrea la intensa y apática vida de Cristina, una joven que vive recluida en una finca a las afueras de Tánger, en un ambiente claustrofóbico del que huye refugiándose en un armario. Y "en aquel armario, que estaba en el pasillo, tendida sobre un viejo cojín de felpa, a la luz de una linterna comprada en un bakal, jugando a la noche en pleno día, Cristina devora libros que forman su pequeño mundo". Se enciende la luz para Cristina en ese armario, una luz se apaga con el puritanismo religioso y social que le inculca su madre y la sociedad española en la que vive. Desde la ventana de su casa observa la otra cara de la ciudad, que identifica con la libertad, y hacia el que desea escapar: el Tánger multicultural que rompe convencionalismos. El grupo de mujeres a su alrededor y la figura idealizada de su padre la hacen bascular entre la abulia, un ambiguo deseo sexual y el ansia por un mundo de liberación que parece que no le corresponde. Mientras tanto, la panoplia ambiental de la ciudad borra los límites del espacio de su casa, que unas veces le parece un refugio y en otras una cárcel.
ÁNGEL VÁZQUEZ escribió tres novelas y un puñado de cuentos. No parece mucho, considerando lo aburridamente prolíficos que son muchos escritores actuales, pero fue lo suficiente para que esta obra pertenezca a la nómina de la mejor narrativa meridional europea.
Una noche, poco antes de morir, solo y arruinado en una pensión de Madrid, quemó dos novelas que había sido incapaz de terminar. La editorial Planeta, que había publicado sus novelas, costeó los gastos de su entierro.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz
Se enciende y se apaga la luz
RESEÑA. En el año 1962, ÁNGEL VÁZQUEZ (1929-1980), escritor apenas conocido: autodidacta, políglota, homosexual, alcohólico, drogadicto y cleptómano, ganó inesperadamente el premio Planeta




