Torre de Arcas busca gestor para su proyecto municipal más ambicioso, el Hotel Casa Manolet, una antigua casa solariega del siglo XV que ha rehabilitado por completo con fondos públicos. Hasta el 2 de junio los interesados pueden presentar ofertas para gestionar este alojamiento municipal con un canon de salida de 3.630 euros al año que en parte el Ayuntamiento invertiría en mejoras en el propio hotel (un 60% el primer año, un 40% el segundo y un 20% el tercero).
El hotel cuenta con más de una veintena de plazas distribuidas en 12 habitaciones, 10 de ellas dobles, con posibilidad de ampliarse a triples, y dos individuales. También tiene una cocina y un comedor con otras tantas plazas.
El Ayuntamiento quiere que Casa Monolet sea un «revulsivo» para Torre de Arcas, uno de los pueblos más pequeños de una comarca muy visitada como el Matarraña. «Buscamos enfocar el hotel al turismo pero también que dinamice nuestra localidad con los servicios de bar y restaurante para que puedan venir a conocernos», destaca el alcalde, Luis Lasmarías. Por ello, la experiencia en la gestión hotelera (5 puntos por año acreditado) es uno de los criterios de adjudicación junto con la mejora del precio (hasta 50 puntos) y la presentación de una memoria técnica de gestión y explotación (máximo 25 puntos) que deberá incluir, entre otros, un plan de dinamización turística y promoción. «Lo ideal para el pueblo es que viniera una familia pero en el pliego se ha buscado que el gestor tenga experiencia en la gestión hotelera», precisa el primer edil.
El diseño homenajea a la localidad
La rehabilitación del edificio ha costado medio millón de euros. Las diferentes fases se han financiado a cargo de distintas convocatorias del Fondo de Inversiones de Teruel y el mobiliario se ha adquirido con fondos Leader de Omezyma. La culminación de este proyecto, que se puso en marcha hace dos décadas con la compra del inmueble, llegó a finales del año pasado tras varias legislaturas en las que se fueron desarrollando las distintas fases que han hecho posible el resultado final.
Durante el diseño, el Ayuntamiento quiso rendir homenaje a la propia localidad y a sus vecinos, y todas las habitaciones tienen por nombre algún topónimo. Se hizo un mapa y algunos vecinos votaron los 12 que querían que se vieran representados. Además, en cuanto a detalles con el propio pueblo que acoge este nuevo establecimiento, la zona de bar luce un gran mural con una vista panorámica de la localidad antes de la Guerra Civil, momento en el que el municipio tuvo más población, y el comedor también cuenta con una exposición de fotos antiguas en las que se ve a los propios vecinos llevando a cabo actividades tradicionales de labranza o ganadería.







