"Agradecimiento y hermandad. Son las palabras más bonitas del diccionario para nosotros porque tienen mucho significado y representan este día", dice con un hilo de voz Paco Vives, (Vallibona,1940). Aguarda sentado al lado de las escaleras de la iglesia de Peñarroya de Tastavins a la rogativa, mientras va recordando el momento en el que cambio la historia de su pueblo hace ya más de 700 años. "Venimos aquí a dar las gracias. Siempre seremos pueblos hermanos y hoy volvemos a renovar esta hermandad que nos une para siempre", repite una y otra vez.
La última rogativa fue en el 2019 y siete años después y por esas siete mujeres los dos municipios - separados por 27 kilómetros- se han vuelto a reencontrar este sábado. Lo han hecho más de 700 personas en un acto cargado de simbolismo y unión en el Pont Tallat. Allí los dos alcaldes, Ricardo Blanch y Juan José Palomo se han intercambiado las varas de mando. Los valencianos han entregado el Santo Cristo a los matarrañenses y estos el guion de la Virgen de la Fuente a sus vecinos. Después, han partido hasta la iglesia de Peñarroya, donde un centenar de vecinos les estaban esperando para bajar juntos hasta la ermita Virgen de la Fuente.
Los vecinos de Vallibona y Peñarroya de Tastavins mantienen una estrecha relación desde el año 1347, cuando siete chicos vallibonenses se encontraron en la vecina población del Matarraña a siete chicas con quienes casarse. La localidad de Castellón se había quedado sin mujeres porque la peste había acabado con su vida. Fue en ese momento cuando decidieron emprender un viaje andando a los pueblos de alrededor y encontraron en Peñarroya a siete mujeres que se fueron con ellos. "Tuvieron una generosidad grandísima porque dejaron su casa y se fueron allí a vivir. Consiguieron salvar la situación que había y eso no tiene precio", remarca.
La rogativa no siempre se ha realizado a pie de un pueblo a otro y Paco Vives fue una de esas personas que quería volver a impulsar que la tradición se recuperara. "En 1963 fue el último año que se hizo a pie. La localidad vivía un momento de despoblación y se perdieron prácticamente todas las fiestas", recuerda. "En el 1981 los alcaldes que había expresaron que se tenía que recuperar todo. En mi caso, dije que me iría andando y me tacharon de loco porque decían que no sabíamos los caminos", añade. Fue en el 1991 cuando volvió a insistir y hubo una persona que se ofreció a preparar la comida para todos los que fueron andando. "Se apuntaron 110 personas y disfrutamos un montón. A la siguiente, fuimos 300 y después, 700 y ahora se sigue manteniendo" explica.
Tras llegar a la ermita se celebra la misa, la renovación del voto y venera la imagen. Después es el momento de la representación de la obra escrita por Desideri Lombarte y que participan actores y actrices de los dos pueblos. Los protagonistas son los novios, los siete chicos de Vallibona y las siete jóvenes de Peñarroya. Siendo que la obra se representa con tan poca frecuencia, cada año va aumentando la lista de interesados en ser uno de los novios protagonistas. En esta ocasión, se ha instalado una pantalla para que pueda ser vista por todos desde lejos.
Protección de la Unesco
Ambos ayuntamientos trabajan para que esta celebración se convierta en Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco. Han presentado ya la candidatura y durante todo el fin de semana se pondrá el foco para respetar al máximo la indumentaria y todos los detalles que giran alrededor de la rogativa. La comida de hermandad del domingo o la cena del sábado, además de la discomóvil y orquesta completarán la agenda de todo el fin de semana en la localidad de Peñarroya de Tastavins. Se ha contado con decenas de voluntarios y Protección Civil, además de personal sanitario.
Otro de los actos que dio inicio el al fin de semana fue la presentación en las dos localidades. del libro 'Pena - roja i Vallibona germanes des del segle XIV' de Òscar Blanch.



















Tuvimos la suerte de asistir a alguno de los actos que se celebraron para conmemorar este singular acontecimiento y nos llevamos una gran sorpresa tanto por la autenticidad como la generosidad de las personas que participaron en los actos. Dice la cronista «un acto cargado de simbolismo y unión» y … religiosidad, digo yo. De respetuosa religiosidad al que asistieron tanto el Obispo de la Diócesis de Zaragoza como el Obispo de Tortosa (Vallibona pertenece a la Diócesis catalana aunque esté localizado en la provincia de Castellón) y los párrocos de ambas localidades, etc. y muchos jóvenes que son el espíritu vivo de estos acontecimientos. Para nosotros fue un verdadero descubrimiento y felicitamos y nos unimos a todos aquellas personas que siguen creyendo en estas tradiciones que vienen de tantos siglos atrás y que le dan valor humano y cultura al territorio, al margen de política, políticos y apesebrados. Afortunadamente en esta comarca sigue habiendo algo más que ofrecer que un vaso de plástico con chocolate y un roscón de anís. Que también.