El albergue de Jatiel volvió a abrir sus puertas hace un mes activando primero el bar y alojamiento, y sigue ampliando servicios hasta sacarle todo el rendimiento posible. Tras más de dos años cerrado, y con numerosos destrozos que hubo que arreglar legados de la anterior gerencia, el Ayuntamiento encontró en Joaquín Ruiz a la persona que se hiciera cargo de una nueva etapa. Es natural de la localidad barcelonesa de Terrassa y reside en Jatiel desde hace siete años, aunque su compromiso con el pueblo comenzó hace dos décadas.
A mediados de agosto abrió el bar y el albergue, que lo hizo con sus 30 plazas ocupadas. De hecho, no demorar más la apertura era importante por el inicio de la construcción de diferentes parques fotovoltaicos de la zona. Sus primeros y actuales inquilinos son instaladores de las placas. Ruiz atiende el establecimiento todos los días desde antes de las 9.00 cuando despacha los primeros cafés una vez ha servido los desayunos de los inquilinos. «La gente del pueblo viene y también de Samper, Castelnou… Estamos separados pero somos un todo», sonríe. Como residente en Jatiel, él también se ha movido entre poblaciones en busca de ocio. Ahora quiere que el albergue entre en esos planes de todos los vecinos y pueblos.
Dice que agosto «ha sido muy intenso» y reconoce que esta semana ya se ha notado el descenso de vecinos con el inicio del curso escolar. No obstante, Jatiel es la localidad más pequeña del Bajo Martín pero también una de las que atrae a sus vecinos a regresar con asiduidad los fines de semana. «Voy ampliando servicio porque abrir el albergue y el bar era lo más inmediato. Empecé con carta de tapas y este sábado quiero comenzar con menú de fin de semana, la semana que viene hacer menú de diario, y ultimar la tienda para ponerla en marcha. Quiero tener pronto todo a lo que me comprometí con el pueblo», apunta. Cuenta con ayuda de su pareja a los cierres y con una persona en fin de semana. «Ojalá pudiéramos contratar a alguien durante la semana, con servicio de cocina sería lo ideal», dice.
Ya está pensando en cómo activar el invierno, porque «el verano es vivo de por sí». Piensa en días y promociones especiales para comidas y cenas, e incluso un karaoke. «Traer actuaciones me encantaría. Ya hemos tenido porque lo que programa el Ayuntamiento lo hace aquí, y muy bien. Hay que dar vidilla a esto porque el pueblo también se va moviendo culturalmente», cuenta mientras repasa el edificio con la mirada. La gran baza del sitio, además de las propias dependencias y equipamiento, es la ubicación a la entrada del casco urbano y la terraza amplia con unas vistas al horizonte con los pueblos vecinos a los lados. «Este paisaje a mí me encanta, y me gusta estar aquí», se sincera.

De Estados Unidos a México
Antes de asentarse en Jatiel, su profesión de interiorista le llevó a viajar a diferentes países en los que desarrolló diversos proyectos como freelance para empresas y marcas. Además de en Barcelona, dejó su impronta en Nueva York, Chicago, Miami y México, donde trabajó principalmente en el mundo de la organización de eventos hasta su regreso a España definitivo. Mientras, se iba arreglando su futura casa de Jatiel en un edificio en muy mal estado que se rehabilitó él a su gusto. «Enseñaba fotos en Estados Unidos y me decían que era un lugar muy auténtico», ríe.
Jatiel se cruzó en su camino hace 20 años cuando buscaba una casa de campo y lo que encontró, aunque había que reconstruirlo, le gustó. «Me lo tomé como un proyecto personal ir haciendo mi casa los fines de semana poco a poco y lo conseguí y vivo en ella. El albergue es un reto, llevaba mucho tiempo cerrado y no podía ser, los vecinos necesitamos este servicio y me lancé. Tengo toda la ilusión», afirma.








Te de deseo una buena andadura en este nuevo proyecto. Estamos en una pequeña comunidad y por lo tanto tu proyecto es en cierto modo también es el de tus vecinos. Estamos seguros que todo irá genial. Enhorabuena.