El sector del reciclaje de paneles fotovoltaicos se encuentra en expansión y la localidad de Andorra va a ser parte de ello. El municipio será sede de una fábrica que reciclará 300 toneladas al año de placas solares, y que servirá de nexo de unión con otro proyecto similar que aspira a reciclar 9.000 toneladas en Albalate del Arzobispo. Detrás de ambas iniciativas está el Centro Europeo de Reciclaje Fotovoltaico, desde donde insisten en que la ubicación de los proyectos no es casual.
«Solo en el entorno cercano a Albalate hemos contabilizado 30 gigavatios de proyectos de energía fotovoltaica, y eso equivale a unos 3-4 millones de toneladas de paneles. Es un mercado más que atractivo para instalar nuestras plantas», concreta Jesús Alijarde, su gerente. A nivel nacional, añade, hay instalados 5 millones de toneladas de paneles fotovoltaicos, y si hay proyectos suficientes de acceso y conexión, la cifra se eleva a los 10 millones. «Si ponemos un horizonte lo suficientemente grande, de 10-15 años, estamos hablando de que España necesitaría 15-17 plantas de tratamiento como las que nosotros estamos planteando», puntualiza Alijarde.
En lo que respecta a Andorra, esta localidad no entraba inicialmente en los planes de la empresa. No obstante, ahora se ha convertido en un paso crucial para poder avanzar con todo el proyecto. El Centro Europeo de Reciclaje Fotovoltaico cuenta con la Declaración de Interés Autonómico para la planta de Albalate, pero durante este tiempo todavía no ha podido encontrar financiación para ponerla en marcha. «Hay complicaciones bancarias porque necesitan ver la máquina que tenemos en nuestra planta piloto de Teruel totalmente montada en una línea de producción. Pero claro, si no tenemos la planta de Albalate, no se puede montar», explica Alijarde.
Ante este panorama, la Villa Minera ha resultado ser la oportunidad para «desbloquear» esa situación. La compañía aprovechará una nave ya construida del polígono de La Estación propiedad del Instituto Aragonés de Fomento para instalar su línea de producción, basada en una tecnología innovadora. «Esperamos poder acometer la automatización de la línea justo después del verano para a finales de año o, como muy tarde, en 2027 estar operando allí», concreta Alijarde. El objetivo es demostrar los rendimientos positivos de la máquina, y convencer al mercado. Todo ello bajo una inversión inicial de 300.000 euros, y que podría ascender a los 800.000 €; además de la creación de dos puestos de trabajo de operario.
A día de hoy, el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (Inaga) se encuentra tramitando la autorización de la planta de Andorra. En cuanto a la de Albalate, los plazos siguen sin ser fijos. El «deseo» de Alijarde es poder conseguir financiación para 2027 y, en 2028, estar operativos. Este proyecto es mucho más ambicioso, y a través de él se prevén crear entre 20 y 30 puestos de trabajo. «Llevamos 5 años trabajando en este proyecto, solo nos hace falta convencer al mercado de que hablamos de una necesidad ya presente», defiende Alijarde.
Para el gerente se trata de «una oportunidad que no podemos perder». «Nuestra tecnología nos permite recuperar el 96% de los materiales de los paneles fotovoltaicos. Eso supone una capacidad de generar riqueza y en el entorno e introducir los materiales en capas productivas ya generadas», concluye.









