Las horas del día se le quedan cortas para sacar adelante todo lo que lleva en su cabeza. Las exprime hasta el último segundo y hasta le da tiempo de ponerse a crear sus propias canciones. Lo cierto es que todo en su vida es música, es su día a día y su forma de vida y expresión. «En clase estamos preparando un musical, al final cuando te metes en el estudio quizá mientras estás haciendo una cosa puede venir otra», dice. Álex Romero (Valderrobres, 1984) se dedica a la música en cuerpo y alma. Por las mañanas, en el colegio de Maella, por las tardes echándole horas para seguir preparando el material didáctico, y algunos fines de semana alarga sobre los escenarios.
Su rostro no es desconocido para mucha gente. Tampoco su voz. Ha hecho saltar y vibrar a muchos con el micrófono en la mano al frente de Los Draps. Y sigue haciéndolo, porque con veinte años de trayectoria a las espaldas continúan haciendo música. «La vida nos ha cambiado a todos pero ahí seguimos, nos llaman de vez en cuando para conciertos, algún festival y estamos encantados. Vamos cogiendo lo que podemos porque es difícil compaginarlo todo y a todos porque somos diez, pero Los Draps siguen teniendo tirón», ríe. También está emprendiendo su proyecto en solitario al que ha llamado Mero Vases y con el que ya ha publicado cinco temas y está pendiente de dar salida a unos cuantos más «en un futuro cercano». Se le puede seguir, escuchar y ver en sus redes tanto en Instagram como en su canal de Youtube y en Spotify como Mero Vases.
Todo lo que crea a nivel de composición se lo lleva al trabajo y por eso su vida es la música. «Soy maestro de Música de Primaria e intento llevar todo esto a las clases, y este año estoy preparando un musical para final de curso, algo con lo que estoy bastante contento», asegura. Los Draps tuvieron buena parte de culpa de su estallido artístico, algo que él llevaba dentro desde niño pero que nunca había explotado. «Fue al cumplir los 18 cuando conocí a un compañero en el Bachillerato de Arte de Zaragoza, que me propuso hacer una banda. Sin ningún conocimiento, porque había tocado un poco la batería, me puse en poco tiempo a aprender la guitarra y de ahí derivo todo», recuerda. Luego llegaron Los Draps, que se fijaron en él en una grabación. «Me cogieron con ellos y desde entonces no he parado de estudiar, aprender y evolucionar», reconoce. «Ahí me empecé a formar, con 19 años, los inicios fueron bastante punks pero ya ves que necesitas una evolución y ahí es cuando empiezas a dedicarle tiempo a todos los campos de la música ya sea composición, instrumentos, sonido, a todo», reflexiona.
Reconoce que es «un poco inquieto» y que por eso nunca se siente lleno. El de la música es un mundo con un amplio abanico de opciones y aprendizaje y, además, es uno de los sectores a los que está llegando mucha nueva información y cambios que implican desde nuevos estilos y tipos de música hasta incluso instrumentos virtuales. En este punto, lo tiene muy claro en cuanto a la Inteligencia Artificial. «La veo como una herramienta más porque quien sabe hacer o quien tiene inquietud por hacer, sólo la usa como herramienta y no como sustituto de creación, mientras que quien no sabe hacer antes tampoco sabía y pagaba a otros para que lo hicieran para solo tener que poner su nombre», dice. En este nuevo mundo, el público también tiene su parte de responsabilidad. «¿Si será sustituto del arte la IA? Pues en la medida en que la gente sea consciente y lo valore». Siempre ha mostrado más interés por el lado artístico de las cosas que por el técnico. Siempre ha mostrado más predisposición a «divagar» y a volverse «un poco loco» que a la cuadratura de las cosas. Al final explotó su vena artística con la música porque le daba más emociones que el resto de disciplinas que ya había hecho en artes. «Desde niño siempre me había encantado cantar, actuar delante de la familia… Esas cosas», sonríe.
Un musical en el colegio
Ahora su objetivo es hacer bailar y cantar al alumnado del colegio de Maella en el musical de final de curso. Ya han empezado a preparar este broche de oro a las clases que implicará a estudiantes desde los 3 años hasta los 12 y cada clase tiene una canción con la que ya se sienten identificadas. «Una vez conseguido eso, se trabaja el resto: el ritmo, la melodía, cantar, la expresión corporal, todo», apunta y asegura que para él es muy enriquecedor generar contenido exclusivo para los escolares porque ve lo que repercute en ellos. Él pretende que les atraiga, les guste, que lo pasen bien y que a partir de ahí les entre y se les quede. Si les sirve o no en el futuro, al menos «que tengan esa vivencia para poder valorar más allá de la enseñanza de la música tradicional». Álex forma parte de un bonito engranaje artístico que hace unos años se generó en Maella y que sigue creciendo. Se trata del festival Más que Palabras, una cita que bebe del buen hacer de todos los que pueden y quieren aportar. «Mueven unas actividades culturales impresionantes que reúnen a autores de todo tipo y es una suerte estar ahí con ellos. Yo aporto lo que puedo desde mi área y desde mi persona», añade.








Gran Àlex!