Hoy, abnegados lectores, quiero hablaros de una de las injusticias literarias más flagrantes de la España contemporánea. Quiero hablaros de Agustín Gómez Arcos (1933-1998), sin duda uno de los mejores escritores que hemos tenido, uno de los más brillantes, y que, sin embargo, fue silenciado por el franquismo e ignorado por la democracia hasta tal punto que muy pocos lectores han oído hablar de él.
A mediados de los años 50, el jóven Agustínse presenta en Madrid desde su Almería natal, allí empieza a trabajar como actor y traductor; pronto como director. Toda esa pasión se ve premiada, en dos ocasiones, con el Premio Nacional Lope de Vega. Pero, la censura prohíbe representar sus obras. Acosado por la dictadura, decide exiliarse en París dedicándose, desde entonces, al género narrativo. Gómez Arcos murió tras haber publicado 14 novelas en francés, haber sido galardonado con numerosos premios literarios y condecorado con la Orden de las Artes y las Letras francesas. Su obra forma parte del programa educativo de los liceos franceses. Murió, en suma, como uno de los escritores más prestigiosos y, como tal, fue enterrado en el cementerio de Montmartre. Su obra, aquí en España, es casi una desconocida.
Desde hace algún tiempo, la pequeña pero exquisita editorial Cabaret Voltaire está publicando la obra completa de Gómez Arcos. La última es una de las novelas más impresionantes que he leído: "Ana no"; y que nos brinda uno de los personajes femeninos más bellos de la literatura contemporánea.
Ana Paucha, que se llamaba a sí misma Ana no, era una mujer de mar, de sol, de dicha, prendada de su marido, pescador, y de sus tres hijos. El marido y los dos hijos mayores murieron en la guerra, el pequeño está preso. Ana no, a sus setenta y cinco años, cierra la puerta de su casa en un pueblecito almeriense y decide ir andando hasta la cárcel de su hijo para abrazarlo y darle el pan de aceite que ha amasado con sus propias manos. Inquietante viaje hacia el norte de España: un viaje hacia la muerte, para honrar a sus muertos, para honrar sus recuerdos. Una mujer que ha perdido el apellido, la familia, todo… Ana no, que ha sido vencida, no sólo por la historia, sino que la tierra, la vida, también la han vencido.
Esta obra, escrita en 1976, nos adentra en la miseria de un país dividido por una guerra civil que manchó la tierra de sangre hermana, una tierra a la que Ana acabará maldiciendo, porque en lugar de dar vida, ha acogido a la muerte, se lo ha arrebatado todo.
He de reconocer que la novela, a pesar de tener momentos de cierta ternura, es un poco dura -pero así es la vida, tampoco hay que dejarse engañar. Sin embargo, la extraordinaria y poética prosa de Gómez Arcos nos lleva, con una enorme delicadeza, hacia una lectura que no pesa, sino que se desliza con Ana y su historia hacia ese remoto norte como si fuera un viaje iniciático de nuestra propia conciencia. Bellísima.
Miguel Ibáñez. Librería en Alcañiz







