Guillermo Busutil, periodista y escritor con una larga trayectoria con el Premio Nacional de Periodismo Cultural, ha roto el silencio durante la VII edición del Curso de Periodismo de Alcañiz para hablar del acoso laboral que sufrió durante un año en una emisora de radio de ámbito nacional. En la conferencia moderada por Eva Defior, directora del Grupo de Comunicación La COMARCA, han abordado este problema muchas veces silenciado pero muy presente en el sector. Las circunstancias económicas, las presiones de poder, el ego y la competitividad han llegado a romper los límites del respeto profesional en la actualidad.
La historia de Busutil, que se dio hace ya veinte años, sirve para entender dinámicas que siguen vigentes en algunas redacciones nacionales donde el talento puede convertirse en una verdadera amenaza para algunos. "Yo me sentía intocable, era la voz local, regional y nacional. Pero cuando tienes carisma, eres independiente y tienes un perfil propio, te conviertes en un objetivo", ha aclarado el periodista al comienzo de la ponencia.
Silencios que aíslan
Busutil explicó como, tras unos días de vacaciones, comenzó una reestructuración en la emisora sin previo aviso. En cuestión de semanas, fue apartado por completo de sus responsabilidades y de sus espacios asignados. "Lo primero que hacen tus acosadores es romper tus vínculos", ha lamentado. Ha relatado cómo entraba por redacción y sus compañeros no respondían a sus saludos e incluso se alejaban al verlo llegar.
La situación escaló hasta convertirse en un ambiente irrespirable. Le retiraron el teléfono, el acceso a Internet y hasta vigilaban sus correos, llegando hasta el punto de controlar sus convocatorias o de que pusieran excusas cuando lo llamaban por trabajo. "Había mañanas en las que tenía que ir al baño a vomitar. Sentía taquicardia, dolor de cabeza. Entrar y convivir con la gente durante un día entero, donde nadie te habla ni te mira a la cara", ha recordado duramente durante la charla.
El ponente distinguió entre dos tipos de silencios, los agudos, y el grave. Los silencios agudos, como los llama, era el de los compañeros, los silencios que, según ha declarado "hacen daño" y el grave, el del ambiente. "Llegó un punto en el que tenía que crear un silencio dentro de mí para sobrevivir, buscaba confort dentro de mi interior". Busutil recurrió a apoyo psicológico y asesoramiento legal. Tras pasar ocho meses de infierno, se planteó no seguir con esta complicada batalla. Tras abandonar su puesto en aquella empresa, pasó a trabajar en un gabinete de comunicación y a los dos años y medio escribió su relato.
Busutil concluyó su intervención con una reflexión personal, compartiendo que ganó aquel juicio en el que se reconoció el acoso laboral que había sufrido, agravado por diversas irregularidades como la falta de pago por sus responsabilidades añadidas en su puesto de trabajo. "Si no eres una persona fuerte, ve a terapia", recomendó, subrayando la importancia de contar con herramientas internas para afrontar situaciones de desgaste psicológico como su historia.







