Villarluengo y Montoro volvieron a sacar en procesión la bandera, la cruz y el Báculo por San Marcos para pedir la llegada de las lluvias. La tradicional romería del sábado empezó a las nueve. Tras la misa los Mayorales de Villarluengo subieron hasta la ermita de San Pedro. Los nuevos penitentes, que realizaron dos tramos del recorrido a descalzos (a la salida del pueblo y a la llegada a la ermita), estuvieron acompañados por varios peregrinos y vecinos de la localidad que se unieron a la necesaria rogativa de agua.
Fue en la ermita de San Pedro donde se produjo el encuentro con los vecinos de Montoro que de igual manera habían subido en procesión con su propia bandera. Allí, como ya es habitual, ambas banderas «se besaron» y se hizo el silencio entre todos los asistentes.

La rogativa casi pareció surtir efecto cuando apareció la lluvia mientras los vecinos disfrutaban de la judiada popular. Aun así los asistentes volvieron a bajar para recorrer los más de 10 kilómetros de vuelta a la localidad. De nuevo, un tramo -unos 500 metros aproximadamente- volvió a ser con los Mayorales descalzos.
La llegada de la ermita se prolongó hasta las 22.00 ya que lo habitual es que se realice al caer la noche. Por ello, tanto la comitiva que regresaba como los vecinos que esperaban en la localidad recibieron a los mayorales iluminando el camino con las velas que se repartieron desde la organización.
El día de convivencia contó con una gran participación con más de 200 vecinos de Villarluengo y Montoro reunidos en la ermita. Esta celebración conmemora la primera romería que se llevó a cabo en 1354 con tan solo siete asistentes.








