¿De dónde te nace esa pasión por el arte?
Estoy casi segura que es un tema familiar. En mi casa ir a ver museos es como ir a comprar el pan. De hecho, el Museo de Zaragoza lo tenemos copiado en casa, porque mi padre es copista de obras de arte por afición. También es curioso que mi madre pintaba y cuando conoció a mi padre dejó de hacerlo porque se acomplejó.
¿Cómo nace Believe in Art?
Maria Luisa Grau Tello y yo llevábamos bastante tiempo colaborando con ONGs vinculadas a la infancia y llegó un momento en el que nos planteamos resolver la inquietud que teníamos para hacer algo desde las artes y la cultura. Ella descubrió que en el mundo anglosajón el arte y la salud iban de la mano, y cuando vimos que en España todavía no había llegado, pensamos que teníamos un hueco.
¿Cuál fue el primer proyecto que impulsasteis y qué recuerdas?
El primer proyecto fue la planta entera de cirugía pediátrica del Hospital Infantil de Zaragoza. Hicimos todas las habitaciones, alrededor de unas 10 u 11. Fue una experiencia ilusionante, se volcó todo el mundo, incluidos los sanitarios de la planta. Había una ilusión casi navideña, esa que vives cuando pasa algo novedoso y bonito.
¿Cuántos son los proyectos que habéis llevado a cabo?
Llevamos aproximadamente unos 150 murales en hospitales y centros de salud.
¿Cómo reaccionan estos pacientes y sus familias?
Nos agradecen todo ese trabajo, y ese es el motivo de la asociación. Es bastante agotador, y detrás hay mucho esfuerzo. A veces las cosas no salen como tú esperabas y cuesta muchísimo. Pero lo que te ayuda a seguir adelante son los mensajes que te llegan. Eso es lo que nos mueve, sin ninguna duda.
¿Cómo seleccionáis a los artistas?
Ese es el trabajo más silencioso que hacemos. Llevamos a cabo un comisariado, como si de una exposición de arte se tratase. Se investiga con los sanitarios de la planta o del área que vamos a trabajar para saber qué es lo que ocurre allí: conocer variables de edades, dolencias, tiempos de estancia y un montón de datos… Hay pacientes que necesitan energía, otra tranquilidad, y se analiza mucho hablando con ellos. Luego se estudia el espacio físico y hay mucha paratología médica. Con esos datos ya recogidos pensamos con el equipo qué artistas tienen el lenguaje plástico más adecuado para dar respuesta a lo que se necesita. Cuando hemos elegido a la persona se le plantea el proyecto y nos presenta un boceto. Ese primer dibujo lo tenemos que aprobar nosotras desde el punto de vista técnico. Finalmente, se lo pasamos al equipo sanitario para que desde el punto de vista médico no se nos haya pasado nada que pueda molestar o incomodar al paciente.
¿Cuál es el número de artistas que han participado hasta el día de hoy?
Casi los mismos que murales, alrededor de 140. Alguna vez repiten, pero no es lo frecuente.

Todo apoyo institucional es poco porque si la cultura puede mejorar nuestra salud entonces, ¿de qué no es capaz?
¿Qué proyectos habéis realizado en el Bajo Aragón Histórico?
En el centro de salud de Andorra ha trabajado Alberto Morote; en el de Calanda, Héctor Vidal; en Caspe, Alicia Blasco; en el Hospital de Alcañiz, Rosa Balaguer, y en el centro de salud de Alcañiz, David Guirao. A esta lista podría sumarse próximamente el nuevo Hospital de la capital bajoaragonesa, donde Lucea espera poder llevar a cabo nuevos proyectos.
¿Con qué apoyos institucionales contáis?
Primero, lógicamente, con el Salud, trabajamos mano a mano con ellos. También el Ayuntamiento de Zaragoza y el Gobierno de Aragón que nos ampara a través del Salud, además de la Universidad San Jorge y la Universidad de Zaragoza. También contamos con el apoyo de nuestros mecenas, empresas generalmente aragonesas que a través de sus RSC devolver a la sociedad lo que les ha dado, en nuestro caso a través del apoyo a Believe in Art. Creo que merecen también su espacio porque sin ellos es imposible hacer nada.
¿Cómo valoras el estado de la cultura en el Bajo Aragón Histórico?
Es complicado de decir porque cuando te dedicas a la cultura siempre quieres más y todo nos va a parecer siempre poco. El apoyo institucional está muy bien pero es necesario también el económico porque los creadores tienen que pagar la hipoteca como cualquier otro trabajador. Todo apoyo institucional es poco porque si la cultura es capaz de mejorar nuestra salud, ¿de qué no es capaz? España no es un país en general en el que este sector esté muy interiorizado como valor. No sé si es un sistema educativo o presupuestario o no sé si no se demanda. Entonces, a mí, todo me parece poco.

Hemos realizado unos 150 murales en hospitales. La respuesta de los pacientes es lo que nos inspira
¿Cómo se plantea 2026 para ‘Believe in Art’?
Con mucha responsabilidad porque hemos crecido mucho y hemos llegado a un volumen en el que tenemos que gestionar las cosas con mucho cuidado y cariño para no acabar haciendo murales como quien hace churros. El objetivo es que todos mantengan el nivel de calidad que deseamos y sobre todo que ese apoyo económico institucional se pueda retrotraer, que una cosa responda a la otra para seguir trabajando.
En las fiestas del Pilar nos nombraron como hijas predilectas de la ciudad y eso es una ilusión tremenda pero es una responsabilidad muy grande también. Hay que dar el do de pecho a tope, porque tenemos que seguir siendo merecedoras de un título así. Lo que nos gustaría es seguir pintando en Aragón y seguir llevando ese talento fuera y, sobre todo, continuar haciéndolo bien, seguir teniendo la confianza en los artistas, que es una de las cosas más importantes.







