Dani Boix (Alcañiz, 1995) aterrizó en la isla portuguesa de Madeira en septiembre para cursar 3º de Magisterio como Erasmus. Sigue viviendo en la residencia de estudiantes a la que llegó entonces. «Somos muchos Erasmus y de países variados y nos dieron la posibilidad de quedarnos porque la residencia sigue funcionando con los servicios mínimos. Pensé que era lo mejor», dice.
Su voz suena firme al otro lado del teléfono. «A mi gente del Bajo Aragón solo les puedo mandar un mensaje de ánimo, estamos juntos en esto. También aquí en Portugal estamos unidos, esta crisis es de todos», reflexiona. En el país, cuyos números respecto a contagios y fallecimientos van en descenso, «la pandemia parece estar más controlada en Madeira al tratarse de una isla». Cuentan con un hospital que «no es muy grande» y por eso, infraestructuras como su propia residencia, están preparadas. «Se ha habilitado una sala de aislamiento por si se diese un caso evitar su expansión», comenta.
Mientras, el transcurso de los días no ha diferido mucho respecto a España en los días más estrictos de la cuarentena. Seguimiento de las clases online y fin de exámenes programados para final de junio, turnos para salir a comprar además de rutinas de entretenimiento y deporte. A Madeira se llevó la camiseta de su querido Balonmano Alcañiz que luce en la foto para la ocasión. «Son auténticos, son los mejores», dice con una amplia sonrisa. No le ha dado tiempo a recibir visitas en una isla que define como «un paraíso» que sí pudo explorar en los primeros meses. «La gente es fantástica y en la universidad también estoy muy bien. Y no me quejo porque tenemos unas vistas desde la terraza impresionantes», añade.







