La cofradía de La Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén, o como se conoce coloquialmente, ‘La Burreta’ de Caspe, cumple 80 años de tradición en torno a su procesión, la del Domingo de Ramos. En 1945 se adquirió la imagen que a día de hoy continúa recorriendo las calles de Caspe con punto de partida y destino en el convento de Los Franciscanos. La alegría marca esta procesión que precede a La Pasión de Cristo y que, además, suele gustar a los más pequeños con la bendición de los ramos, en los que cuelgan caramelos y chuches.
El origen de la cofradía y de sus tradiciones, en realidad, se remonta cinco años antes, a 1940. Un grupo de unos 20 agricultores se unieron para fundar la cofradía y, aunque no contaban todavía con imagen, salieron a procesionar cada año con el cofrade Vicente Olona Gavín, vestido de Cristo a lomos de una burra, acompañado por los apóstoles.
La historia se repetirá, este año, en honor a las raíces de los de La Burreta, aunque todavía no se ha desvelado quién representará la imagen de Cristo. «Es una sorpresa. Saldremos con los tambores primero, los apóstoles y ya la burra, la imagen y cerrarán la procesión los cofrades antiguos y los párrocos que realizan la misa en la iglesia. Queremos recordar lo que hacíamos antaño», destaca el presidente de la cofradía, José Manuel Bel. La cofradía ha respetado la ley de bienestar animal con los permisos pertinentes para poder celebrar el acto sin irregularidades.
Una cofradía con "buena salud"
El caspolino lleva al frente desde 1992. Cogió el testigo con tan solo 19 años y la ilusión de salvar la cofradía en un momento en el que no había «casi nadie». En los mejores años, llegaron a compartir túnica hasta 70 cofrades, pero el paso del tiempo hizo peligrar la continuidad de la cofradía. Bel ha trabajado con esmero y cariño por La Burreta y ha conseguido que, actualmente, goce de «buena salud» con casi 60 cofrades, de los cuales 40 están implicados con la banda de tambores y bombos. «Es suficiente, estamos contentos con lo que estamos haciendo», añade.
El relevo generacional no preocupa a los protagonistas del Domingo de Ramos, que son conscientes de los altos y bajos que pueden venir. El testigo que pasa de padres a hijos tiene a su vez otro efecto llamada, el de los amigos. La banda de tambores y bombos ha ayudado en gran medida a fijar el interés, sobre todo, de los jóvenes, pero recuerdan que sigue siendo necesario que los cofrades se involucren en el paso. El presidente comenta orgulloso que todavía salen cofrades de 85 y 88 años a portarlo. Desde hace años, se le colocaron ruedas a la peana para que sea más fácil llevarlo y, precisamente, porque faltaban manos para cargarlo a hombros.
Fiel a la tradición
En La Burreta, también preservan el carácter religioso de sus actos. Bel recalca que para ello fue clave la creación de la Coordinadora en 1994, de la que fue fundador y en la que continúa como representante de sus colores. «Con los tambores estaba derivando un poco y hemos mantenido la tradición religiosa en un 99 %, dejando espacio en un 1 % para lo festivo», explica.
Además de en la procesión de las palmas, la cofradía también participa el mismo Domingo de Ramos en la del Vía Crucis, y en la del Santo Entierro, el Viernes Santo. Sus bombos y tambores resuenan en el acto de Romper la Hora y el Toque de Gloria.









