La panadería Eva, ubicada en la calle Garbí número 15 de Calaceite, se ha visto obligada a cesar su actividad por falta de relevo generacional. Eulogio Oliver, alma mater del obrador, ha tenido que cerrar sus puertas después de 25 años de funcionamiento ininterrumpido debido a problemas de salud y a esa incapacidad para encontrar a alguien que continúe con el proyecto.
Desde que falleció su esposa hace año y medio, el panadero ha mantenido el negocio en solitario, haciendo frente a jornadas especialmente duras. «A la una de la mañana, de lunes a viernes, y a las once de la noche los sábados», detalla Oliver sobre sus horarios durante los últimos 18 meses. Ante la imposibilidad de continuar por motivos físicos, el panadero inició los trámites para ceder el negocio a una tercera persona. «La Cámara de Comercio se puso en contacto conmigo para anunciar en su plataforma el traspaso de la panadería, pero de momento no tengo comunicación de nadie», lamenta.
La panadería se ha distinguido por mantener vivas las recetas tradicionales del municipio, elaboradas con mimo y con ingredientes sencillos. «Siempre hemos cogido las recetas 'de las abuelas', y la gente del pueblo de Calaceite nos ha ayudado mucho», explica el panadero. Durante estos años, el obrador ha ofrecido panes y pastas elaborados de forma artesanal. La implicación personal de Eulogio y su esposa ha sido clave en la continuidad de un negocio muy valorado por la clientela local y visitante. «Hemos tenido suerte y ganas de trabajar», resume el panadero.
Un traspaso en el aire
Pese a que el traspaso sigue en el aire, Oliver mantiene la voluntad de acompañar y formar a quien quiera seguir con la panadería. «Si hay un sucesor, tendrá las recetas que usábamos nosotros. Les enseñaré mientras pueda enseñarles, les ayudaré en todo lo que me sea posible», asegura. Aclara que está dispuesto a ayudar incluso a personas sin experiencia previa: «No los voy a dejar abandonados. Hay que enseñarles, y hasta que estén preparados, les iré indicando cómo lo hacía yo».
El cierre de la panadería Eva supone la interrupción de un proyecto que ha dejado huella en el municipio. «Me duele mucho terminar», reconoce Oliver, quien no oculta la emoción cuando recuerda los 25 años compartidos con su esposa al frente del horno.
A la espera de que alguien recoja el testigo, la persiana de la panadería Eva permanece bajada. «Esperemos que tengamos suerte», concluye Oliver, estremecido ante la pérdida que supone para la población la desaparición de su negocio y para sus propios recuerdos, pero con la esperanza de que las recetas y el legado de un cuarto de siglo no se pierdan definitivamente.









La mejor panadería del Matarraña sin duda
a ver si alguien se decide de verdad a cogerla porque hace un pan. .. pero de los de estrella.
Creo que, si aún existe una posibilidad que alguien recoja el testigo para continuar este negocio, se debe publicitar en redes sociales que es donde puede tener algo de visibilidad el anuncio entre gente joven que se pueda interesar. Es una sugerencia.