‘Corresponsales y enviados. Reflexiones tras una vida recorriendo el mundo’ sentó dialogar a David Jiménez y Rosa María Calaf, dos personas unidas por un oficio que se conocen, se respetan y se admiran. Eso se notó en la ponencia que moderó Eva Defior y que estuvo abierta al público en general, lo que hizo que el teatro presentase un buen lleno en el patio de butacas. Comenzaron por sus inicios, por cuando a Calaf no dejaba de picarle el gusanillo de viajar en una época que no era habitual y menos para una mujer. "Viajando aprendes a relativizar, a mí me interesan las personas y cuando visitas varios países, ves que la gente quiere lo mismo en todo el mundo: paz, tener su familia, su trabajo, sus amigos… tener su vida. Entonces, ¿por qué la humanidad está en permanente conflicto? Porque hay unos pocos que no quieren eso, que quieren su propio interés y el periodismo te permite estar en la primera línea y ver y contar qué está sucediendo", dijo. En este sentido, Jiménez desveló que su mayor batalla cuando comenzó a cubrir conflictos era no cambiar. "Es inevitable que cada vez te impresionen menos los cadáveres, pero me preocupaba deshumanizarme", se sinceró.
Animó a salir y a contar, porque "un reportaje no va a acabar una guerra, pero muchos de muchos periodistas, sí como así sucedió en Vietnam y algunas más". No ocultaron su malestar al leer o escuchar que "vivimos en una dictadura en la que no se puede decir nada", una afirmación que consideran una falta de respeto. "Tenemos un poder mediático viciado, pero que se diga eso, me parece una falta de respeto para quienes sí viven en dictadura", apuntó Calaf. Aludieron a la audiencia, que "debería ser crítica" pero muchas personas se quedan "con el mensaje que quieren oír porque es el de los nuestros", aunque sea falso. Señalaron la necesidad y obligación de invertir en recursos, algo básico para hacer periodismo y luchar contra los bulos, "que además se inventan para hacer daño y crear odio contra las minorías". Jiménez instó a los jóvenes a no desistir. "Ves que siguen los de siempre que son los que taponan el paso a quienes vienen detrás, y necesitamos una nueva generación de periodistas para confrontar esto".

No se pasó por alto la etapa de Jiménez como director de El Mundo, una experiencia de la que salió 'El Director', un libro que le hizo ganar enemigos por denunciar determinadas prácticas. "No le voy a pedir a nadie que está empezando o que no tiene estabilidad económica que denuncie nada, pero yo podía hacerlo y lo hice", explicó, una afirmación que respaldó Calaf: "Nosotros podemos y debemos denunciar porque estamos en una situación privilegiada y perdemos muy poco. Desde luego, la vida no la perdemos como sí sucedería en otros países".
Antes de proceder a la entrega del premio Pilar Narvión, desde el público saltaron un par de preguntas y las dos con un origen común: Venezuela. Una de las personas es periodista en el exilio, que agradeció la ponencia porque se había vuelto a sentir como tal; y otra de las personas es estudiante de Periodismo en la Universidad de Zaragoza y se interesó por la opinión de los ponentes sobre los periodistas que se posicionan y se ponen al servicio de un partido y más en situaciones como la de su país. "Lo que nos describes no es un periodista", concluyeron ambos desde el escenario.







